26 de agosto 2011 - 00:00

Discurso histórico: “Sigan con hambre y haciendo tonterías”

En junio de 2005 Steve Jobs reveló frente a estudiantes de la Stanford University su grave enfermedad: «Me dieron de uno a tres meses de vida». No fue así.
En junio de 2005 Steve Jobs reveló frente a estudiantes de la Stanford University su grave enfermedad: «Me dieron de uno a tres meses de vida». No fue así.
«Sigan teniendo hambre. Sigan haciendo tonterías». Con esa recomendación Steve Jobs cerró su celebérrimo discurso en la Stanford University de California, en el que reveló por primera vez su batalla con el cáncer, frente a una audiencia de alumnos que se graduaban ese día. Fue en junio de 2005, y desde entonces sus palabras dieron varias veces la vuelta al mundo sirviendo de inspiración no sólo a jóvenes que salen de las universidades a buscar su lugar en el mundo, sino también para quienes deben enfrentarse con enfermedades terminales, tanto propias como de seres cercanos y queridos. A continuación, el texto completo de ese discurso:

Tengo el honor de estar hoy aquí con ustedes en una de las mejores universidades del mundo. La verdad sea dicha, yo nunca me gradué. De hecho, esto es lo más cerca que jamás he estado de una graduación universitaria.

Hoy quiero contarles tres historias de mi vida. Nada especial. Sólo tres historias.

La primera historia versa sobre «conectar los puntos».

Dejé la Universidad de Reed tras los seis primeros meses, pero después seguí vagando por allí otros 18 meses, más o menos, antes de dejarlo del todo. ¿Por qué abandoné los estudios?

Esto comenzó antes de que yo naciera.

Mi madre biológica era una estudiante joven y soltera, y decidió darme en adopción. Ella tenía muy claro que quienes me adoptaran tendrían que ser egresados universitarios, de modo que todo se preparó para que fuese adoptado al nacer por un abogado y su mujer.

Sólo que cuando yo nací decidieron en el último momento que lo que de verdad querían era una niña. Así que mis padres, que estaban en lista de espera, recibieron una llamada a medianoche preguntando:

«Tenemos un niño no esperado; ¿lo quieren?».

«Por supuesto», respondieron.

Mi madre biológica se enteró de que mi madre no tenía título universitario, y que mi padre ni siquiera había terminado el secundario, así que se negó a firmar los documentos de adopción. Sólo cedió, meses más tarde, cuando mis padres prometieron que algún día yo iría a la universidad.

Esto sucedió diecisiete años más tarde. Pero de forma irresponsable elegí una universidad que era casi tan cara como Stanford, y todos los ahorros de mis padres, de clase trabajadora, estaba gastándolos en mi matrícula.

Después de seis meses, dejó de tener sentido para mí. No tenía idea de qué quería hacer con mi vida, y menos aún de cómo la universidad iba a ayudarme a averiguarlo. Y encima estaba dilapidando todos los ahorros que mis padres habían acumulado a lo largo de su vida. Así que decidí dejarlo, y confiar en que las cosas saldrían bien.

En su momento me dio miedo, pero en retrospectiva fue una de las mejores decisiones que tomé en mi vida.

En el momento en que dejé los estudios, ya no fui más a las clases obligatorias que no me interesaban y comencé a meterme en las que parecían interesantes. No era idílico. No tenía cuarto en los pabellones-dormitorio, así que dormía en el suelo de las habitaciones de mis amigos, devolvía botellas de Coca Cola por los 5 centavos del envase para conseguir dinero para comer, y caminaba más de 10 km los domingos por la noche para comer bien una vez por semana en el templo de los Hare Krishna.

Me encantaba.

Muchas cosas con las que me fui topando al seguir mi curiosidad e intuición resultaron no tener precio más adelante.

Un ejemplo: en esa época la Reed University ofrecía la que quizá fuese la mejor formación en caligrafía del país. En cada rincón del campus, todos los pósters, todas las etiquetas de todos los cajones, estaban bellamente caligrafiados a mano.

Como ya no estaba matriculado y no tenía clases obligatorias, decidí asistir al curso de caligrafía para aprender cómo se hacía. Aprendí cosas sobre el serif y tipografías sans serif, sobre los espacios variables entre letras, sobre qué hace realmente grande a una gran tipografía.

Era sutilmente bello, histórica y artísticamente, de una forma que la ciencia no puede capturar. Me pareció fascinante. Nada de esto tenía ni la más mínima esperanza de aplicación práctica en mi vida. Pero diez años más tarde, cuando estábamos diseñando la primera PC Macintosh, todo eso volvió a mí.

Y diseñamos la Mac con eso en su esencia. Fue la primera computadora con tipografías bellas. Si nunca se me hubiera ocurrido curiosear aquel curso, la Mac jamás habría tenido múltiples tipografías, ni caracteres con espaciado proporcional. Y como Windows no hizo más que copiar la Mac, es probable que ninguna PC los tendría hoy. Si nunca hubiera decidido dejar los estudios, no habría entrado en esa clase de caligrafía y las PC no tendrían esa maravillosa tipografía.

Por supuesto, era imposible conectar los puntos mirando hacia el futuro cuando estaba en clase, pero fue muy, muy claro al mirar atrás diez años más tarde.

Lo diré otra vez: no puedes conectar los puntos hacia adelante, sólo puedes hacerlo hacia atrás. Así que deben confiar en que los puntos se conectarán alguna vez en el futuro. Tienen que confiar en algo: el instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea.

Esta forma de actuar nunca me falló, e hizo la gran diferencia en mi vida.

Mi segunda historia es sobre el amor y la pérdida.

Fui afortunado: pronto supe en mi vida qué era lo que más deseaba hacer. Woz y yo creamos Apple en la cochera de mis padres cuando tenía 20 años. Trabajamos mucho, y en diez años Apple creció de ser sólo nosotros dos a ser una compañía valorada en 2 mil millones de dólares y 4.000 empleados.

Hacía justo un año que habíamos lanzado nuestra mejor creación -el Macintosh-, y hacía poco que había cumplido los 30.

Y me despidieron.

¿Cómo te pueden echar de la empresa que vos creaste?

Bueno, mientras Apple crecía, contratamos a alguien que yo creía muy capacitado para llevar la compañía junto a mí, y durante el primer año, más o menos, las cosas fueron bien. Pero luego nuestra perspectiva del futuro comenzó a ser distinta y finalmente nos apartamos completamente. Cuando eso pasó, nuestra junta directiva se puso de su parte.

Así que a los 30 estaba fuera. Y de forma muy notoria.

Lo que había sido el centro de toda mi vida adulta se había ido, y fue devastador.

Fracaso

Realmente no supe qué hacer durante algunos meses. Sentía que le había fallado a la anterior generación de emprendedores, que había soltado el testigo en el momento en que me lo pasaban. Me reuní con David Packard (de HP) y Bob Noyce (Intel), e intenté disculparme por haberlos fastidiado tanto. Fue un fracaso muy notorio, e incluso pensé en huir de Silicon Valley.

Pero algo comenzó a abrirse paso en mí: aún amaba lo que hacía. El resultado de lo sucedido en Apple no había cambiado eso ni un átomo. Había sido rechazado, pero aún estaba enamorado. Así que decidí comenzar de nuevo.

No lo vi así entonces, pero resultó que el hecho que me echaran de Apple fue lo mejor que jamás me pudo haber pasado.

Había cambiado el peso del éxito por la ligereza de ser de nuevo un principiante, menos seguro de las cosas. Me liberó para entrar en uno de los períodos más creativos de mi vida. Durante los siguientes cinco años, creé una empresa llamada NeXT, otra llamada Pixar, y me enamoré de una mujer asombrosa que se convertiría en mi esposa.

Pixar llegó a crear el primer largometraje animado por computadora, Toy Story, y es hoy el estudio de animación más exitoso del mundo. En un notable giro de los acontecimientos, Apple compró NeXT, yo regresé a Apple y la tecnología que desarrollamos en NeXT es el corazón del actual renacimiento de Apple. Y Laurene y yo tenemos una maravillosa familia.

Estoy bastante seguro de que nada de esto habría ocurrido si no me hubieran echado de Apple. Creo que fue una medicina horrible, pero supongo que el paciente la necesitaba. A veces, la vida te da en la cabeza con un ladrillo. No pierdan la fe. Estoy convencido de que la única cosa que me mantuvo en marcha fue mi amor por lo que hacía. Tienen que encontrar qué es lo que aman. Y esto vale tanto para lo laboral como para el amor entre personas.

El trabajo va a llenar gran parte de sus vidas y la única forma de estar realmente satisfecho es hacer lo que consideren un trabajo «cool». Y la única forma de tener un trabajo «cool» es amar lo que se hace. Si aún no lo encontraron, sigan buscando.

No se conformen con menos.

Mejoras

Como en todo lo que tiene que ver con el corazón, lo sabrán cuando lo hayan encontrado. Y como en todas las relaciones geniales, las cosas mejoran y mejoran según pasan los años. Así que sigan buscando hasta que lo encuntren.

No se conformen con menos.

Mi tercera historia es sobre la muerte.

Cuando tenía 17 años, leí una cita que decía algo como: «Si vives cada día como si fuera el último, algún día tendrás razón». Me marcó, y desde entonces, durante los últimos 33 años, cada mañana me miré al espejo y me pregunté: «Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?». Y si la respuesta era «No» durante demasiados días seguidos, sabía que necesitaba cambiar algo.

Recordar que voy a morir pronto es la herramienta más importante que haya encontrado para ayudarme a tomar las grandes decisiones de mi vida.

Porque prácticamente todo, las expectativas de los demás, el orgullo, el miedo al ridículo o al fracaso se desvanece frente a la muerte, dejando sólo lo que es verdaderamente importante.

Recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de pensar que tenés algo que perder. Ya estás desnudo. No hay razón para no seguir tu corazón.

Hace casi un año me diagnosticaron cáncer.

Me hicieron un chequeo a las 7.30 de la mañana, y mostraba claramente un tumor en el páncreas. Ni siquiera sabía qué era el páncreas. Los médicos me dijeron que era prácticamente seguro un tipo de cáncer incurable y que mi esperanza de vida sería de tres a seis meses. Mi médico me aconsejó que me fuese a casa y dejara zanjados mis asuntos, forma médica de decir: prepárate a morir.

Significa intentar decirles a tus hijos en unos pocos meses lo que ibas a decirles en diez años. Significa asegurarte de que todo queda atado y bien atado, para que sea tan fácil como sea posible para tu familia. Significa decir adiós.

Viví todo un día con ese diagnóstico.

Luego, a última hora de la tarde, me hicieron una biopsia, metiéndome un endoscopio por la garganta, a través del estómago y el duodeno, pincharon el páncreas con una aguja para obtener algunas células del tumor. Yo estaba sedado, pero mi esposa, que estaba allí, me dijo que cuando vio las células al microscopio el médico comenzó a llorar porque resultó ser una forma muy rara de cáncer pancreático que se puede curar con cirugía.

Me operaron, y ahora estoy bien. Esto es lo más cerca que he estado de la muerte, y espero que sea lo más cerca que esté de ella durante algunas décadas más. Habiendo vivido esto, ahora puedo decir esto con más certeza que cuando la muerte era un concepto útil, pero puramente intelectual:

nadie quiere morir.

Ni siquiera la gente que quiere ir al cielo quiere morir para llegar allí. Y sin embargo, la muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella. Y así tiene que ser, porque la muerte es posiblemente el mejor invento de la vida. Es el agente de cambio de la vida. Retira lo viejo para hacer lugar a lo nuevo.

Ahora mismo lo nuevo son ustedes, pero dentro de no demasiado tiempo, de forma gradual, se irán convirtiendo en lo viejo, y serán apartados. Siento ser tan dramático, pero es bastante cierto. Nuestro tiempo es limitado, así que no lo gasten viviendo la vida de otro.

No se dejen atrapar por el dogma que es vivir según los resultados del pensamiento de otros.

No dejé que el ruido de las opiniones de los demás ahogue su propia voz interior.

Y lo más importante, tengan el coraje de seguir a su corazón y su intuición.

De algún modo ellos ya saben lo que vos realmente querés ser.

Todo lo demás es secundario.

Cuando era joven, había una publicación asombrosa llamada The Whole Earth Catalog, una de las biblias de mi generación. La creó un tipo llamado Stewart Brand no lejos de aquí, en Menlo Park, y la trajo a la vida con su toque poético. Eran a fines de la década del 60, antes de las PC y la autoedición, así que se hacía con máquinas de escribir, tijeras, y cámaras Polaroid. Era como Google con tapas de cartulina, a 35 años de que llegara Google, era idealista, y rebosaba de herramientas claras y grandes conceptos. Stewart y su equipo sacaron varios números del The Whole Earth Catalog, y cuando llegó su momento, sacaron un último número.

Fue a mediados de los 70, y yo tenía la edad de ustedes.

En la contratapa de su último número había una fotografía de un camino rural a primera hora de la mañana, la clase de ruta en la que podrías encontrarte haciendo dedo si fueras aventurero. En el epígrafe de la foto se leía:

«Sigan teniendo hambre. Sigan haciendo tonterías».

Era su mensaje de despedida, al dejar de «transmitir». «Sigan teniendo hambre. Sigan haciendo tonterías». Siempre deseé eso para mí. Y ahora que ustedes se reciben para comenzar su carrera de cero, les deseo exactamente lo mismo.

«Sigan teniendo hambre. Sigan haciendo tonterías».

Muchas gracias.

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