4 de agosto 2016 - 00:00

Distintos modelos de familia sin padre

A juzgar por la extraña coincidencia de estos tres estrenos en la cartelera, la ausencia de padre es uno de los temas que más preocupan al cine actual. El abordaje es muy diferente (incluyendo el musical), pero la indagación es la misma.

Somos una familia. El veterano Jean-Paul Rappeneau (84 años) es el director de este film francés que se ocupa también de una familia incompleta, pero enfocado desde un amable punto de vista de comedia.
Somos una familia. El veterano Jean-Paul Rappeneau (84 años) es el director de este film francés que se ocupa también de una familia incompleta, pero enfocado desde un amable punto de vista de comedia.
Coinciden en cartelera tres comedias dramáticas sobre familias sin padre. El hombre murió dejando una herencia (un trencito de la alegría, un chateau, un ansia de triunfo) que los hijos discuten con diversas mañas e intenciones, así como también discuten el rol del hermano mayor: el egoísta que vuelve al pueblo ignorando a la hermana más responsable, el financista que de Shanghái a Londres advierte un posible perjuicio a su madre, el drogón que se pone las pilas para entrenar a la hermanita, pilota de carreras. En los tres casos hay final feliz, pero no en todos hay gloria ni reconciliación. "Bien de familia, una película musical", rodada en Alberti, es eso que dice el título: hay casi una docena de canciones interpretadas por toda la compañía. Primera experiencia de María Eugenia Fontana, el resultado tiene sus fallitas pero es naif, simpático, y bastante original. Fontana hizo guión, dirección, edición, y las letras de las canciones, junto al compositor Fran Ruiz Barlett, en todo seguida por amigos, vecinos, compañeros de estudio, socios y proveedores. Ya veremos cuál es su siguiente proyecto.

En cambio, "Somos una familia" es casi el canto del cisne de Jean-Paul Rappeneau ("Cyrano de Bergerac"), que ya tiene 84 años y llevaba 12 sin filmar ni el cumpleaños del nieto. Pero conserva la mano. Supo enredar maldades de pueblo chico, celos y recelos, picardías de cama, bufete y alcaldía, intriga inmobiliaria, lindos lugares, gente linda, buena música, todo agradable y con buen elenco, incluso con invitados de lujo: André Dussollier (el mandamás que promete un pago rápido mientras posterga la firma de cheques) y el concertista Mu Ye Wu (elegante consuelo de una novia desplazada). Pequeño detalle: dice transcurrir en Ambray, pero se filmó en Tours, Blois, Clermont-Ferrand y similares (y envidiables) bolsones de pobreza.

Y si una marca un inicio y otra un posible final, "Veloz como el viento" señala una resurrección: la de las películas italianas de carreras y persecuciones, tan aplaudidas en los 70. Personajes y situaciones se inspiran en historias reales del mundo de las pistas mediterráneas, todo contado con humor, rumor de motores e itálico histrionismo. Tiene además sus partes serias, su pequeña emoción, y hasta parece más verosímil que cualquier film americano del mismo ambiente. El final permite esperar una segunda parte: "la lotta continúa", e anche la carriera. Principales responsables, Matteo Rovere y el actor Stefano Accorsi, que estuvieron hace poco en Buenos Aires.

P.S.




"Bien de familia, una película musical" (íd., Argentina, 2015). Dir.: M. E. Fontana. Int.: D. Oyuela, C. Sanzani.



"Somos una familia" ("Belles familles", Francia, 2015). Dir.: J. P. Rappeneau. Int.: M. Amalric, M. Vacth.



"Veloz como el viento" ("Veloce come il vento", Italia, 2015). Dir.: M. Rovere. Int.: S. Accorsi, M. De Angelis.

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