15 de mayo 2009 - 00:00

Divertido viaje de mujeres agobiadas

Aunque a las situaciones de «Tren» les falta una estructura que las articule dramáticamente, la versatilidad de las actrices logra que la acción navegue entre el verosímil y el absurdo.
Aunque a las situaciones de «Tren» les falta una estructura que las articule dramáticamente, la versatilidad de las actrices logra que la acción navegue entre el verosímil y el absurdo.
«Tren» Dramaturgia y Dir.: Grupo Piel de Lava y L. Fernández. Int.: E. Carricajo, V. Correa, P. Gamboa y L. Paredes. Esc. e Ilum.: M. Sendón. Vest.: M. Laxague. (Teatro Anfitrión.)

La necesidad de reencauzar sus vidas -o al menos poder tomar distancia de los problemas que las agobian- impulsa a un numeroso grupo de mujeres a participar de una suerte de asamblea evangélica en Mar del Plata.

Para muchas se trata de un viaje iniciático en el que ponen grandes expectativas. En cambio, las más jovencitas lo viven como una pequeña aventura y hasta se ríen a escondidas de las organizadoras imitando su modo de hablar y algún que otro tic.

La galería de personajes que desfila por este atípico vagón de tren (diseñado como un living con mesita ratona incluida y una astuta proyección fílmica como ventana al exterior) aporta un buen número de anécdotas y experiencias de vida que en su mayoría bordean el patetismo (se habla mucho de éxito, pero casi todas parecen condenadas al fracaso) o bien sugieren un profundo desamparo; pero el tono levemente paródico que ponen en juego las actrices mueve a la risa antes que a la reflexión. Hay algunas excepciones, como la embarazada que compone la talentosa actriz Pilar Gamboa. Sabemos muy poco de ella, pero un par de comentarios dichos al pasar dan a entender que se trata de una madre soltera, sin recursos y al borde de la desesperación.

«Tren» es el tercer trabajo del Grupo Piel de Lava (luego de «Colores verdaderos» y «Neblina») y ratifica una vez más la gran versatilidad de estas cuatro actrices que además de sorprender con situaciones y personajes absolutamente reconocibles logran que la acción navegue entre el verosímil y el absurdo.

Hay buenos diálogos y cada cuadro tiene su atractivo pero no hay una estructura que articule todas estas escenas y les brinde una adecuada progresión dramática. Por otro lado, el viaje de regreso a Buenos Aires no está lo suficientemente valorizado, cuando debería presentar un mayor contraste con la primera parte en la que todo era ilusión, euforia y ansiedad.

Además de Gamboa, también se destacan Elisa Carricajo (la conflictuada esposa que se ve obligada a criar al hijo de su marido), Laura Paredes (la colaboradora «nerd» que sufre las burlas de sus hermanas) y Valeria Correa como la pastora dominante y sensual. Y, aparte de éstos, hay muchos otros personajes para disfrutar.

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