Con una obra más cercana a la alegoría social que sus anteriores
unipersonales, Marta Paccamici luce sus numerosos recursos
expresivos bien encauzados por el director.
«Por su puesto» de M. Paccamici y R. Podolsky. Dir.: R. Podolsky. Int.: M. Paccamici.-Vest. y Esc.: A. Polito. Dis. de luces: E. Sirlin. (El Portón de Sánchez.)
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Entra en el escenario como una tromba; haga lo que haga Marta Paccamici siempre es un espectáculo en sí misma. No por nada obtuvo el Premio Nacional Argentino de Unipersonales en 2005.
La actriz cuenta con una amplia batería de recursos expresivos que utiliza con astucia, ya sea para reforzar una situación cómica o bien para insuflarle una cuota de delirio a sus personajes y así despegarlos de conflictos más bien costumbristas.
En relación a su último espectáculo «Requiem Nupcial (Buscando a Cacho)» en donde entrelazaba textos de distintos poetas (Irene Gruss, Adelia Prado, Fernando Pessoa, etcétera), «Por su puesto» está más cerca de una alegoría social, además de presentar una estructura dramática mucho más sólida y eficaz. Moni, su protagonista, es una vendedora de panchos con kiosco propio que aspira a regentear un centro cultural.
La dirección de Román Podolsky (también a cargo de la dramaturgia junto a Paccamici) logró encauzar los raptos pasionales de la actriz y su inmensa batería de recursos para ponerlos al servicio del conflicto que se está narrando.
La pieza tiene un espacio físico y un contexto social muy reconocibles, y así la intérprete va atravesando distintos estados y circunstancias que muestran el lado oscuro de este personaje.
Por más familiar que nos resulte Moni, ella también encarna aspectos bastante vergonzosos de la sociedad argentina ligados, en general, a actos de corrupción, ambición de poder, ansias de figurar y otras miserias por el estilo.
Convendría acortar un poco las escenas del kiosco, meramente introductorias, para darle más espacio y desarrollo a otras situaciones de mayor peso dramático; como por ejemplo el enfrentamiento con el Lobo (un amigo de la infancia ahora con cargo político) o la traición de sus amigas. De todos modos la obra divierte e invita a la reflexión. Quizás, lo más interesante de Moni, sea su incapacidad para controlar un discurso que en lugar de reivindicarla como víctima la termina dejando muy mal parada.
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