División aliada estalló en la primera cumbre sobre Libia

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Doha - El Grupo de Contacto sobre Libia, integrado por representantes de los países que llevan adelante la intervención militar contra el régimen de Muamar Gadafi, celebró ayer su primer encuentro en Qatar, en el que quedó en claro la intención de que el dictador abandone el poder y se habló de la posibilidad de armar a los rebeldes, pero no se pudo evitar que quedaran expuestas severas diferencias de enfoque.

Las divisiones del grupo, creado el 29 de marzo en Londres, emergieron ayer nuevamente con claridad, no sólo en torno a los bombardeos aliados y el posible envío de armamento a las milicias antigadafistas, sino también en torno a la idea de crear un fondo a partir de las cuentas congelados a Libia para ayudar a aquéllos.

Los opositores libios participaron del encuentro a través del Consejo Nacional Transitorio (CNT), que volvió a ser reconocido como «el representante legítimo del pueblo libio». Es más, España sentó un precedente al anunciar el envío de un representante diplomático, un virtual embajador, a Bengasi, el bastión rebelde.

Consciente de las discrepancias, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, instó a los asistentes a «hablar con una sola voz» sobre Libia, luego de que Bélgica expresara su rechazo a armar a los rebeldes y de que Alemania insistiera en que no podrá haber «ninguna solución militar» al conflicto.

Ya antes del encuentro, el vocero de la Cancillería italiana, Maurizio Massari, había dicho que «la discusión sobre armar a los rebeldes para que se defiendan está definitivamente sobre la mesa».

«Compartimos el punto de vista de que la Resolución 1.973 (del Consejo de Seguridad de la ONU sobre Libia) no prohíbe el suministro de armas no ofensivas para la defensa propia», afirmó ya en el pleno el canciller Franco Frattini.

«Como no podemos hacer ataques aéreos en las calles, en las plazas, en las zonas pobladas, o hacemos posible que esta gente se defienda a sí misma o nos retiramos de nuestra obligación de apoyar en la defensa de la población de Libia», agregó.

Esa idea fue rechazada por el canciller de Bélgica, Steven Vanackere, quien explicó que «la resolución de la ONU habla de proteger a los civiles, no de armarlos».

El canciller británico, William Hague, recordó, por su parte, que el Consejo de Seguridad de la ONU fijó un embargo

de armas «para toda Libia». «Pero en ciertas circunstancias, es posible, de acuerdo con esas resoluciones, proveer a la gente con los medios para que se defienda a la población civil», añadió.

Aun así, Hague hizo hincapié en que el Reino Unido no está haciendo llegar armas a los rebeldes libios, pero sí asistencia de carácter no militar, como equipos de comunicaciones.

Hamad bin Yasim bin Yaber al Zani, primer ministro de Qatar, el país anfitrión, señaló la disponibilidad de su país a ayudar a la «defensa de la población libia», aunque no en soledad sino en cooperación con la comunidad internacional.

El ministro alemán de Relaciones Exteriores, Guido Westerwelle, dijo que «no veremos ninguna solución militar» en Libia, pero concedió que cualquier salida negociada debe incluir la renuncia de Gadafi.

No obstante, en otro punto de desacuerdo, Westerwelle expresó sus reservas sobre otra propuesta de Italia, la de crear un fondo con dinero congelado al Gobierno libio para ayudar a los rebeldes.

«La pregunta es: ¿esto es legal? La respuesta es que no lo sabemos», dijo el jefe de la diplomacia alemana.

El secretario general de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), Anders Fogh Rassmussen, reiteró también que la única solución al conflicto, que se encuentra empantanado en el plano militar, con sucesivos ataques y repliegues de gadafistas y rebeldes, pasa por un acuerdo político.

El canciller de Francia, Alain Juppé, había criticado el martes a la OTAN por «no hacer lo suficiente para proteger a los civiles» libios, sobre todo en la ciudad rebelde de Misrata, donde se afirma que cientos de personas murieron en más de seis semanas de sitio de las tropas del Gobierno.

En tanto, el británico Hague, que también había cuestionado a la Alianza, pi-

dió ayer a todos los países de la OTAN que aumenten su participación en los

ataques.

La conducción militar y países de la OTAN, como Estados Unidos y España, rechazaron las críticas franco-inglesas y dijeron que se está realizando «un gran trabajo» y que «no hay nada para revisar».

El rango de opiniones entre los 28 miembros de la OTAN sobre la operación en Libia es más que amplio. Alemania, Turquía y Polonia se opusieron a la intervención y no participan de la campaña aérea.

Italia y Holanda dijeron que sus aviones participan en hacer cumplir una zona de exclusión aérea sobre Libia pero no atacarán objetivos en tierra. España ofreció bases en su territorio para la campaña pero no aviones para bombardeos.

Las diferencias emergerán una vez más cuando los ministros de Relaciones Exteriores de los Estados miembros de la OTAN se reúnan hoy y mañana en Berlín para analizar el curso de su operación en Libia.

Agencias EFE, DPA, Reuters, ANSA y AFP

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