Doisneau, una mirada sobre el siglo XX

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Agnes de Gouvion Saint-Cyr, curadora independiente y jurado internacional, ha dedicado su carrera a la promoción de la fotografía contemporánea en Francia y en el exterior. En 2010 presentó «Brasaï» en el Museo Nacional de Bellas Artes con motivo del Festival de la Luz. Saint- Cyr vuelve a Buenos Aires con «Simplemente Doisneau» en la Sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta, esta vez en el marco de «Tandem París- Buenos Aires».

Para comprender la obra de Robert Doisneau (Gentilly, 1912- París, 1994) debe hacerse una breve referencia a sus orígenes y a su historia personal. Una infancia que transcurre en un lugar entre la campiña y la gran ciudad, el conocimiento de su padre cuando este regresa de la guerra en 1918, la sensación de inseguridad y fragilidad ante la muerte de su madre, el sabor de la soledad y aunque tímido y torpe desarrollará un agudo sentido de la observación.

Las clases populares se convertirán en objeto de estudio durante más de 50 años. Desde esa Gentilly que después de la Primera Guerra Mundial se pobló de pequeñas fábricas, en la que los artesanos volvían a su métier, los comercios y las huertas contribuyeron a retomar el aspecto rural, que no duraría mucho tiempo dado el avance de la modernidad. Esta arrasará con esta zona para construir las viviendas sociales donde se amontonarán las familias, iniciándose una era que traerá graves trastornos.

A fines de 1929 ingresa en el taller Ullmann de cuyo estudio y laboratorio fotográfico se convertirá posteriormente en su responsable. Recorre París y sus suburbios, se cruza con los que cimentaron la fama de la ciudad de los Años Locos, testimonia lo que allí sucede. Conoce a André Vigneau, una figura polifacética, cuyo estudio era un lugar insoslayable para la vanguardia en todas las disciplinas.

Devora los libros de Montaigne, Marx y Lenin, Cendrars, conoce a Breton que ya incluye a Brasaï, Cartier-Bresson y Man Ray para ilustrar «El amor loco». Aparecen los temas recurrentes: los niños, el suburbio, la gente común, lo insólito, la soledad.

Entre 1934 y 1939 trabaja para el estudio de publicidad de Renault, época en la que consolida su vida personal y profesional. Su pensamiento social es muy riguroso por eso dedica sus exploraciones a testimoniar la infancia que va a perder su inocencia. En este período surgen revistas de gran calidad como Life para la que realizó su mundialmente célebre «El beso del hotel de Ville», fotografía que además de la fama le trajo muchos sinsabores.

Durante la ocupación en París se interesa por el desamparo humano, la opresión, la soledad. Llegado el período de la Liberación participa en lo que se da en llamar reportajes, ensayos de fotografías preparadas y puestas en escena. A través de las 137 fotografias expuestas, Doisneau revela no sólo una París muy alejada de la tarjeta postal sino su gran humanismo. (Cierra el 26 de junio).

c Dos artistas de vasta trayectoria en el ámbito artístico rosarino exponen en Arcimboldo (Reconquista 761) hasta el 26 de junio Marita Guimpel fabula una historia acerca de María Aparecida, una niña adorable, divertida y con muchos amigos que se reúnen a la vera del Paraná y a quien le gustan las magdalenas rellenas con frutillas. Con su cámara digital, Guimpel sus imágenes comestibles, de colores netos, «azucarados» que remiten a la infancia. Rubén Echagüe utiliza el pan, protagonista de sus imágenes sagradas y lo ha representado «sustituyendo a la Santa Faz en el paño de la Verónica, invadiendo pinturas del Greco, como reliquia venerable o símbolo fálico entre dedos renacentistas y hasta dominando el poderoso mandala de la cruz».

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