1 de agosto 2012 - 12:46

Dragado pasó a la clandestinidad

Cristina de Kirchner y José Mujica resolvieron ayer sumir, hasta nuevo aviso, en la clandestinidad el entuerto entre la Argentina y Uruguay por el contrato de mantenimiento y dragado del canal Martín García que permite el acceso de barcos al puerto de Montevideo. Pese al desmentido oficial del vocero presidencial argentino («Bilateral no hubo», señaló ante una pregunta de la prensa), los dos presidentes mantuvieron un diálogo a solas en un aparte de la cumbre de Brasilia en el cual acordaron mandar a silencio a los dos Gobiernos sobre el tema que ha sido salpicado por una mera mención periodística de la palabra «coima».

También coincidieron en lo más importante, que los funcionarios de los dos Gobiernos pongan el asunto en manos de técnicos y abogados y que hagan avanzar las tareas de dragado, que deben realizar los dos países, pero que es de interés primordial del Gobierno de Montevideo.

Eso por varias razones: algunas son técnicas, como la necesidad de no afectar las tareas portuarias. Otras son políticas: si el contrato del dragado -hoy en manos de la empresa Biskalis, impugnada por la Argentina- se cae, Mujica verá redobladas las críticas de sus opositores que le reprochan su posición pro Argentina sin lograr ventajas de esa amistad que el mandatario considera clave para los intereses uruguayos.

Ese acuerdo de aplacar la puja de superficie con cruces de comunicados de las dos cancillerías se preparó el lunes a la noche, cuando se reunieron Héctor Timerman -látigo de los uruguayos en este caso- y Luis Almagro, canciller uruguayo que en la última semana tambaleó en su cargo por las críticas de la oposición al Gobierno de Mujica.

En esa reunión de los dos ministros hubo un acercamiento después de fuertes críticas de la parte argentina a la reticencia del Uruguay en profundizar en detalles de la trama de la presunta «coima» que echó a rodar el presidente de la delegación oriental de la Comisión Administradora del Río de la Plata, Francisco Bustillo.

El tema del dragado no figuró en las conversaciones de los mandatarios con Hugo Chávez y Dilma Rousseff, pero Cristina de Kirchner amagó, a la hora de los discursos, con cruzar algún dardo elíptico. Mujica dijo que en el Mercosur «el desafío es enorme porque por un lado el Estado nacional nos puede hacer trampa. Nuestra formación cultural, el de dónde venimos nos puede hacer trampa, y la mezquindad de nuestro razonamiento pequeño puede contribuir a multiplicar los obstáculos».

La Presidente pareció responderle, cuando la Argentina -país que tiene este entuerto con el Uruguay- no había sido aludida. «Pepe -afirmó- hablaba de trampas que nos puede imponer la propia formación cultural. Yo te quiero decir, Pepe, que no le tengas miedo a la propia formación cultural porque podemos haber tenido errores, pero siempre trabajamos para que los que tienen menos y no para los que tienen más».

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