7 de enero 2011 - 00:00

D’Rivera: “En jazz, el que se repite se muere”

Paquito D’Rivera en el Este. Habló con este diario de música y también de literatura, a propósito de la aparición de su tercer libro.
Paquito D’Rivera en el Este. Habló con este diario de música y también de literatura, a propósito de la aparición de su tercer libro.
Punta del Este (Enviado especial) - ¿Cómo se hace alguien para estar 55 años en la misma actividad y no aburrirse o tener ganas de abandonarla? «¿Será que voy a tener que dedicarme nomás a la música, no?» -dice el cubano-norteamericano Paquito DRi en el permanente tono jocoso que encuadra cualquier conversación con él-. «Pero hablando en serio» -continúa- «siempre encuentro algo interesante para hacer. Alguna vez me pasó que sentí que ese entusiasmo podía decaer, pero fue fugaz y siempre encuentro cosas nuevas en esos doce sonidos. Hay artistas a los que les pasa. Miles Davis dijo una vez que sentía que lo que estaba tocando ya lo había hecho antes, y al año se murió. A mí, afortunadamente, no me ocurre; inclusive, también me gusta hacer cosas que ya hice antes. Por otro lado, mi actividad es variada y seguramente eso colabora: toco con diferentes grupos, hago música sinfónica, estoy componiendo una ópera, escribo; así que no tengo modo de aburrirme».

DRivera llegó a Punta del Este para participar una vez más del «Festival internacional de jazz» que desde el año pasado se lleva a cabo en la Finca El Sosiego. Esta vez, a su habitual función como director artístico, ha sumado otras: tuvo el miércoles, en la noche inaugural, su primer concierto, al frente de un grupo de argentinos con los que presentó su álbum «Tango jazz» grabado en vivo en el Lincoln Center de Nueva York.

En la segunda jornada, ayer, fue invitado del brasileño Trío Corrente. Y será responsable del cierre del encuentro musical, el próximo domingo 9, con su «Paquito & Friends», un combo con músicos brasileños y norteamericanos. Pero además, en la apertura, presentó ante el público del festival su reciente libro -el tercero de su producción personal- que bautizó con el sugerente nombre de «Ser o no ser, ésa es la jodienda. Paisajes y retratos».

Periodista: ¿Cómo explicaría ese libro?

Paquito DRivera: Lo que lo explica bien es el subtítulo: «Paisajes y retratos». Es sencillamente eso: un libro de viajes, donde cuento cosas que me han ido pasando a lo largo de 55 años de andar tocando por todas partes, de haber conocido gente diversa. Mi profesión me ha llevado a conocer sitios diferentes y gente de todo tipo; disfruto de viajar y de las experiencias que todo eso conlleva, aunque no me gustan mucho los aviones. Pero las vivencias que entrega andar de un lado a otro, escuchar otros lenguajes, ver otras costumbres, relacionarse con personas distintas es inigualable. Así que en el libro me he dedicado a contar algunas de esas experiencias.

P.: ¿Escribe como toca?

P.D.R.:
Sí, mi estilo de escritura es jazzístico, porque así como en la música nos gusta invitar a otros a sumarse y compartir el escenario, aquí yo he invitado a otras personas a decir sus cosas, como por caso al argentino Lalo Schiffrin, quien, entre paréntesis, acaba de editar un libro propio que se llama «Mission imposible. My life in music».

P: Cuénteme de qué se trata esa ópera sobre la que está trabajando.

P.D.R: Hay una novela clásica de mi país, que escribió Cirilo Villaverde, que se llama «Cecilia Valdez». Se trata de una muchacha mulata, nieta de esclavos, que se embarca en un amor imposible con un muchacho rico. Sobre eso, a mí se me ocurrió hacer la historia de Cecilio Valdez, en este caso un negro, cantante de son, que se enamora de una muchacha blanca. Empecé a escribir el libreto y como estaba medio trabado lo convoqué a Enrique Del Risco para que me ayudara; y en dos días lo terminó. Se sumó también Alexis Romay que hizo algunas letras. Ya tenemos 22 canciones escritas y estamos en la etapa de buscar a alguien que ponga «la guita» para terminarla y poder presentarla en vivo. Es una obra que me tiene muy ilusionado, en el que se mezclan los lenguajes líricos y popular con géneros de la música cubana.

P: Considerando que además suele escribir artículos periodísticos, ¿no lo cansa tener una actividad tan variada?

P.D.R.: Yo tengo un problema y es que siempre trabajo bajo presión. Jamás en mi vida he incumplido un «dead line», pero en general hago las cosas sobre la fecha. Eso no es bueno porque a veces me vuelvo un poco loco. Ahora mismo, hace poco, tuve que cerrar sobre el cierre dos artículos, uno para España y otro para la revista Jazz Time.

P: Siendo que le genera ese stress, ¿qué lo lleva a seguir escribiendo tanto?

P.D.R.: Es que escribir me divierte muchísimo. Me gusta la labor de los «palabristas», como le he escuchado decir a un colega suyo. Disfruto contando cosas. Mi padre tiene mucho que ver con eso. Así como fue mi primer maestro en el saxofón, fue el que me incentivó a la lectura. Me regalaba libros -recuerdo por ejemplo mi fascinación por «Sandokan» de Emilio Salgari-, pero además él mismo escribía bonito aunque ni siquiera había terminado la escuela primaria. Y hay una cantidad de cartas suyas (a mi madre, a mi hermana, a algunos amigos, a mi prima) que están por allí y que en algún momento recopilaré y publicaré. Yo tengo esta inquietud desde pequeño; ya en la escuela primaria me gané algún premio escribiendo composiciones que nos indicaba la maestra; justamente, el primero de esos premios lo gané escribiendo sobre Sandokan.

P: ¿La situación política de Cuba sigue estando entre sus inquietudes principales?

P.D.R.: Sí, porque no entiendo cómo es posible que nadie quiera enterarse de lo que está a la vista. Me produce una profunda tristeza lo que pasa, pero además me da bronca que cuando se habla de los grandes dictadores del siglo XX, en el 99 3/4 % de los casos se olvidan del barbudo. Fijate que mi país existe un delito que es «tenencia ilegal de computadora». No hace mucho, metieron preso a un norteamericano porque le regaló teléfonos celulares a algunas personas que eran contras del gobierno. Sería gracioso si no fuera triste. Si es como dice Woody Allen: «la comedia es la tragedia más tiempo».

P: ¿Qué piensa de los cambios que se están proponiendo en la economía?

P.D.R.: Que son sólo cosméticos. Es parecido a lo que pasa en China, aunque allá sea todo mucho más grande. La represión es igual, no se puede salir del país. Nada puede reemplazar a la libertad, inclusive -como decía un escritor amigo mío- la libertad de morirse de hambre.

P: ¿Por qué se acercó al tango con su último proyecto musical?

P.D.R.: Tiene que ver con un músico argentino maravilloso, que vive hace mucho tiempo en Nueva York, que se llama Pablo Aslan. Él me convocó para participar de una serie de arreglos sobre tangos clásicos argentinos y de algunas composiciones originales -suyas y de Abel Rogantini, otro argentino- para tocarlos en el Lincoln Center. Salió tan bueno que decidimos publicar el concierto. Y ahora lo estaremos tocando por diferentes lugares, así como acabamos de hacerlo aquí en Uruguay. El próximo será en Suiza, con un bandoneonista de jazz -una curiosidad-, suizo e hijo de argentinos, que se llama Michael Zisman.

Entrevista de Ricardo Salton

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