Siendo optimistas podemos apuntar al 0,26 por ciento que ganó el Dow cuando cerró el viernes en el valor más elevado en casi cinco años (13.610,15 puntos); al 1,41 por ciento que subió el S&P500 en la semana o al 20,38 por ciento que gana el NASDAQ en lo que va del año. Por sí solos estos números deberían hablarnos de un ambiente de fiesta en el mercado financiero/bursátil, que deja en ridículo cualquier excusa sobre los efectos de la crisis internacional. Sin embargo, el humor que se palpa en el mercado está lejos de esto, así como de cualquier cosa parecida a la depresión; en todo caso, en el mercado podríamos hablar de una desconfianza levemente optimista. El medio feriado de hoy (se operan acciones, pero bancos y bonos estarán inactivos) en celebración del Columbus Day sugiere que la que hoy arranca será una semana de bajos volúmenes, signada por -si exceptuamos cualquier sorpresa de las que siempre suelen producirse- el ingreso de los primeros balances del tercer trimestre del año y algún que otro vaivén político. De todas formas lo vivido en las últimas ruedas parece decir que más allá de la cháchara, los inversores no le están prestando demasiada atención ni a Obama ni a Romney. Esto puede explicar por qué los últimos datos sobre el empleo fueron recibidos el viernes de manera tan tibia por los inversores, a pesar de mostrar una mejora (cuestionable, pero mejora al fin y al cabo), o por qué la victoria del jueves de Mitt Romney en el debate no se reflejó en los precios. Mañana Alcoa suena la campana de largada para el arribo de los balances. Los números que se manejan para esta temporada son bastante modestos, pero de todas formas podrían ser mayores a lo que determinó la realidad. Aun «no pasando nada», podría ser una semana difícil.
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