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EE.UU. avisa que Hillary viene a hablar de los pobres
Hillary Clinton
El primero, cooperación y alianza con Latinoamérica y el Caribe, título o argumento que el Departamento de Estado viene pregonando desde hace décadas, incluso durante los períodos más duros o «intervencionistas», como fue la del 70. Por lo tanto, hay poco de nuevo en esta reiteración de buenas intenciones.
Sí, en cambio, aparece algo distinto en el segundo mensaje que carga Hillary en su mochila diplomática, de cara al periplo de esos cinco días apurados por la región. Es el de la inclusión social. Una reacción acertada frente a las perspectivas de OCDE (Organización de Cooperación y Desarrollo) que vaticina para fines de este año habrá 39 millones más de pobres en América Latina. Que se agregarán a los actuales 189 millones y 76 de indigentes, que viven con menos de u$s 1 diario.
De acuerdo con fuentes de la Administración Obama consultadas por Ámbito Financiero, el de la inclusión será el hilo conductor, el guión argumental, para las entrevistas que la secretaria Clinton prevé tener en su recorrido.
De allí que, para el miércoles 3, además de audiencias con el presidente Lula y el canciller Celso Amorim, Hillary haya pedido agregar una posta más a su rally latinoamericano: volar a San Pablo con el solo fin de encontrarse con el estudiantado de la Universidad de Zumbi Dos Palmares, estatal y tan prestigiosa como la Universidad de San Pablo y la de Campinhas, pero orientada hacia la población afrolatinoamericana.
En sentido parecido sería su asistencia en Costa Rica el jueves 4 a la III Reunión Caminos para la Prosperidad en las Américas, foro socioeconómico donde dará el discurso inaugural. Sin embargo, esa disertación en San José de Costa Rica será, parece, la excepción a la regla para esta gira. Según dicen en Wa «la secretaria Clinton viene a escuchar y no a hablar».
Cambio importante
Podría ser un cambio importante en la actitud del país de las barras y estrellas hacia América Latina, el continente del «patio trasero», al que EE.UU. sermoneó, históricamente, sobre democracia, drogas, derechos humanos o equipamiento militar.
Podría ser, también, que Washington no tiene en estos momentos mucho más que agregar a su discursiva tradicional. Y que, frente al hecho consumado del alumbramiento de una OEA sin Canadá ni EE.UU., como fue la que tuvo 32 países presentes en la CALC (Cumbre de América Latina y el Caribe, 22-23 de febrero en Cancún, México), finalmente la administración Obama se haya decidido a encender los motores del U.S. Air Force Boeing 757 (el avión de Hillary, de tan equipado, es una sucursal voladora del Departamento de Estado) para rumbearlo hacia los países al sur de EE.UU.
Lo que es seguro es que esta primera gira por América Latina de Hillary Clinton como secretaria de Estado se inscribe dentro de las promesas de aggiornamiento para las políticas hacia la región, anunciadas por Arturo Valenzuela (secretario adjunto para el Hemisferio Occidental) en su accidentado paso por Buenos Aires en diciembre pasado.
No tan firme como ese aggiornamiento es la agenda de viaje de Hillary, a la que al cierre de esta edición, se le sumaban o restaban, minuto a minuto y frenéticamente, más o menos reuniones. En Washington tampoco descartaban incluir en la lista de agraciados a tener un tête-à-tête con ella, a un presidente de un país vecino a la Argentina. Después de cinco días de idas y vueltas, la cancillería del país remolón habría optado por dejar de coquetear con el eje bolivariano. Y buscar subirse al eje washingtoniano, a último momento, con Hillary ya con un pie en el estribo y su agenda sumamente apretada.


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