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Efecto Moreno: las trabas llegan ahora hasta el cine
El nuevo arancelamiento al cine extranjero provocó malestar entre los empresarios. Se duda, además, de que la medida sirva para proteger al productor nacional.
Si bien el medio cinematográfico no había reaccionado ayer ante el flamante decreto, se sabe que a partir de hoy esta nueva imposición («multa por proyectar las películas que quiere ver el público», han empezado a llamarla) será contestada con diferentes argumentos. El principal es que uno de los mayores afectados serán los laboratorios de copiado del país. Otro, que el dinero recaudado no irá destinado a la producción sino, como lo aclara la resolución, «exclusivamente al financiamiento, mejora y mayor eficiencia de los mecanismos de control, fiscalización y actuación judicial».
La tablita de aranceles discrimina entre la Ciudad de Buenos Aires y área metropolitana del resto del país, con los siguientes valores: películas extranjeras hasta inclusive la exhibición en 40 pantallas: un valor equivalente a 300 entradas de cine por el total de las pantallas utilizadas (en el interior: 150 entradas); hasta 80 pantallas: 1.200 entradas (600 en el interior); hasta 120 pantallas: 2.400 entradas (1.200 en el interior); hasta 160 pantallas: 6.000 entradas (3.000 en el interior) y más de 161 copias: 12.000 entradas (6.000 en el interior).
Independientemente de la cantidad de pantallas, la proyección de trailers cinematográficos de películas extranjeras también pagará desde ahora un canon de 50 entradas de cine por cada cola que se exhiba, y de 25 entradas en el interior.
Según confió ayer un distribuidor a este diario, cuyo nombre pidió mantener en el anonimato, «esta multa no servirá para favorecer al cine nacional sino que pondrá en peligro inclusive a muchas salas del interior que logran mantenerse gracias a las películas populares y exitosas. Nadie dice que el producto nacional no deba ser protegido, al contrario, pero no de esta manera. Hay que aplicar la imaginación para eso, buscar circuitos de exhibición alternativos, por ejemplo, pero con multar al exitoso nada se va a lograr. Hoy por hoy, además, firmas multinacionales también distribuyen producto nacional, como hizo Fox con Los Marciano y ahora Disney con Mi primera boda. ¿Qué política se va a seguir en estos casos?».
Se hizo hincapié también ayer en el hecho de que la resolución, que sólo grava al distribuidor y no al exhibidor, confunde «pantalla» con «copia». «Hoy», dijo el mismo empresario «es el exhibidor en una multisala el que decide en cuántas pantallas se proyecta una película, y a veces el distribuidor no se entera. Por ejemplo, si a mí me está yendo bien con una película, el exhibidor, sin avisarme, duplica o triplica durante un fin de semana el número de pantallas mediante el sistema de interlock, esto es, que una sola copia se proyecta simultáneamente en varias de sus pantallas, con lo cual el arancel también se duplicará o triplicará ahora».
La resolución, según su texto, busca desalentar «a las grandes empresas distribuidoras internacionales de causar sobre el espectador la sensación o idea, de que no existe ninguna otra producción audiovisual a observar en el período de tiempo en el que se exhiben sus películas con una presencia cuasi monopólica en las pantallas; circunstancia que suele excluir del circuito comercial toda otra producción, atentando ya no sólo contra la producción nacional, sino asimismo contra la diversidad que hace al derecho a la libertad de expresión y a los derechos sociales a la cultura».
La realidad, con sólo mirar el ranking de películas del pasado fin de semana, no parece coincidir, desde el momento en que «Viudas» se ubicó por segunda semana consecutiva dentro del «top diez» de las películas más vistas.


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