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Efecto Moyano: se cae en Diputados el paquete sindical
• Se congela pretensión de avanzar con leyes laborales
Héctor Recalde
Así, la realidad demostró, finalmente, que de todos los avances en materia de reformas laborales y modificaciones a la Ley de Contrato de Trabajo que Hugo Moyano intentó forzar vía leyes, sólo se aprobaron los que tuvieron el guiño de la Casa Rosada.
Y ese matiz en la relación del Gobierno con el sindicalismo es el que marca otro de los capítulos claves que se jugarán en el Congreso desde el 10 de diciembre.
Tanto Moyano como la CGT tenían hasta ahora la expectativa por los vientos que comenzarían a correr en el Congreso tras la renovación legislativa que puede devolverle al kirchnerismo el quórum propio.
Desde ese momento ya no existiría para el Gobierno la excusa de la falta de sesiones o el bloqueo opositor para debatir temas como el proyecto que establece el reparto del 10% de las ganancias de las empresas divididos en cinco puntos para los trabajadores y cinco para un fondo de redistribución contra crisis. Ese ejemplo es el más conocido, pero hay otros proyectos en espera que pueden complicar aún más la vida de los empresarios.
Hasta ahora, Cristina de Kirchner ponía freno a todo ese ímpetu sindicalista. Agustín Rossi, presidente de la bancada, fue una pieza clave en ese juego donde esos proyectos se bloqueaban, pero sin poner a la Casa Rosada en el rol de censora de las conquistas sindicales. Moyano, mientras tanto, siempre estuvo al tanto de esa realidad, informado continuamente por Recalde en cada caso.
Pero ahora la relación entre Moyano y Cristina de Kirchner está en el peor momento. No se puede afirmar aún que haya en ciernes un cambio de conducción de la CGT, pero el poder del camionero de meter miedo, apurando en el Congreso proyectos que, aunque invotables, le traen costo político a la Presidente, parece haberse terminado.
De hecho, hace seis meses Moyano le puso condiciones al Gobierno para continuar con la alianza política: definir por ley la suba del mínimo no imponible de Ganancias y avalar en el Congreso el tratamiento del proyecto de redistribución de la renta de las empresas. Ninguno de esos dos puntos avanzó durante este año y fue específicamente por decisión de la Casa Rosada, ya que hasta la oposición, en algún momento, amenazó con prestarse a discutir ese pedido sindical.
Pero no son los únicos proyectos en espera. Por ejemplo, hay otro que propone aplicar un recargo del 100% a las empresas para el caso en que no notifiquen a los trabajadores con 15 días de anticipación la fecha de comienzo de las vacaciones.
El costo no es menor, ya que el proyecto claramente establece: «Si vencido el plazo para efectuar la comunicación al trabajador de la fecha de comienzo de sus vacaciones, el empleador no la hubiere practicado, aquél hará uso de ese derecho durante el año calendario previa notificación fehaciente de ello con una antelación no inferior a quince días corridos. El empleador, en tal caso, estará obligado a abonar la retribución por vacaciones con el ciento por ciento (100%) de recargo».
Hay otro tema que ahora no parece tener un destino cierto, que preocupa aún más a empresarios. Es el recorte a la posibilidad de otorgar horas extras. Como el moyanismo interpreta que esa herramienta se utiliza para alargar horarios de trabajo sin contratar nueva mano de obra, proponen que «el empleador deberá abonar al trabajador que prestare servicios en horas suplementarias a su jornada habitual y hasta un máximo de dos horas diarias, 30 horas mensuales o 200 horas anuales, medie o no autorización del organismo administrativo competente, un recargo del 50% calculado sobre el salario habitual, si se tratare de días hábiles, y del 100% en días sábado después de las 13 horas, domingo y feriados».
Ese último punto fue objeto de otro proyecto, también firmado por Recalde: «Cuando el trabajador prestare servicios entre las trece (13) horas del día sábado y las veinticuatro (24) del día domingo, medie o no autorización..., el empleador estará obligado a abonar el salario habitual con el 100% de recargo, sin perjuicio de su obligación de otorgar franco compensatorio». Es decir, se lo obliga a una doble carga salarial más el goce del franco por parte del trabajador, un incentivo a que toda la actividad comercial o industrial cierre los fines de semana.


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