30 de julio 2012 - 00:00

El 31% de los alumnos de 15 años ya repitió

La formación escolar de los más pequeños es cada vez peor, especialmente en los sectores más pobres. A pesar de que se realizó un esfuerzo inédito de inversión en educación, llegando a superar la meta fijada en la Ley de Financiamiento Educativo del 6% del PBI, la formación que recibe la mayoría de los jóvenes, es cada vez más deficiente.

La prueba PISA (evaluación internacional que se toma a jóvenes de 15 años) registró un retroceso de la Argentina entre los años 2000 y 2009, según un estudio revelado por IDESA. Como consecuencia de esta involución, la Argentina pasó de un lugar de liderazgo en la región a ubicarse detrás de Chile, México, Uruguay, Brasil y Colombia en tan sólo una década. Un dato de relevancia es que los déficits de conocimientos están asociados a los atrasos que produce la repitencia y que en ellos operan factores internos al sistema educativo y factores asociados al contexto familiar. En este sentido, según la evaluación PISA para el año 2009 entre los jóvenes de 15 años se observa que: el 31% de los jóvenes ha repetido de curso en algún año de su vida escolar. De éstos, 9 puntos porcentuales provienen de hogares donde sus padres terminaron la secundaria. Mientras que los restantes 22 puntos porcentuales corresponden a jóvenes que provienen de hogares donde al menos uno de los padres, o ambos, no terminó la secundaria.

De esta forma, estos datos muestran que casi 1 de cada 3 jóvenes de 15 años está atrasado en la escuela y esto está fuertemente correlacionado con padres que no han logrado concluir la educación básica. Se trataría de una potenciación de factores adversos. Por un lado, las carencias de estímulos y apoyo que sufren muchos niños y jóvenes en sus hogares. Por el otro, el fracaso del sistema educativo para compensar la desigualdad de oportunidades que los jóvenes heredan de sus entornos familiares.

Según dicho informe, el 46% de las personas entre 18 y 65 años no llegó a concluir la educación secundaria. Estas personas enfrentan grandes dificultades para apoyar a sus hijos y evitar la reproducción intergeneracional del atraso y la deserción educativa.

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