Políticos y analistas coinciden en que el EI intenta trasladar su guerra sectaria a Occidente. Francia alberga a una de las comunidades islámicas más grandes de Europa.
Custodiado. Escoltado por las fuerzas de seguridad, el presidente François Hollande acudió al pueblo donde asesinaron al sacerdote y denunció que los terroristas “buscan dividirnos”.
París - El terrorismo en Francia no se detiene ni siquiera ante las puertas de una iglesia: "Estamos conmocionados", dijo el vicario general de la arquidiócesis de Ruán, Philippe Maheut, horas después del asesinato de un sacerdote en Normandía.
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El expresidente Nicolas Sarkozy destacaba por su parte la trascendencia del ataque en la católica Francia: con el atentado contra una iglesia se alcanzó el alma del país, decía. El alcalde del municipio de Saint Étienne du Rouvray habló de un "acto brutal" que podría azuzar aún más el debate de la seguridad.
No pasaron ni dos semanas desde que en Niza un hombre atropelló con su camión a la multitud congregada para celebrar el día nacional en el paseo marítimo, matando a 84 personas. Y muchos temen ahora que el ataque, reivindicado por el autodenominado Estado Islámico (EI), pueda profundizar aún más la brecha existente en la sociedad.
El objetivo del atacante no fue la catedral de una gran ciudad visitada por turistas, sino la iglesia de una ciudad pequeña que no tiene ni 30.000 habitantes. El país reaccionó conmocionado. "Estamos en un momento en el que todo es posible", dijo Georges Fenech, que preside la comisión de investigación parlamentaria sobre los atentados de 2015. En total, 149 personas murieron el año pasado en atentados terroristas y este año fueron asesinadas 84 personas en Niza, además de una pareja de policías.
Desde hace mucho tiempo se temía que también las iglesias pudieran ser objetivos de atentados. En 2015 las autoridades descubrieron, más bien por casualidad, un plan para atentar contra iglesias en el barrio parisino de Villejuif. Antes de la Navidad, el Ministerio del Interior ordenó contactar con las autoridades locales para aumentar las medidas de seguridad.
El presidente François Hollande, que se apresuró a acudir al lugar del atentado, definió rápidamente a los autores como terroristas.
El ataque contra la iglesia coincidiría también con la estrategia del Estado Islámico (EI), que siempre apostó por azuzar la tensión sectaria entre religiones. En Irak, por ejemplo, la milicia ataca continuamente a los chiitas y en Arabia Saudita arremete con bombas contra sus templos.
El diputado de izquierda Olivier Falorni advirtió del peligro de un conflicto entre cristianos y musulmanes que quiere inflamar el EI: "Creo que la voluntad del EI es dividir nuestro país", dijo el miembro de la comisión de investigación sobre terrorismo a la emisora iTélé. "El hecho de que se formen milicias para intentar hacer justicia en lugar del Estado muestra que la voluntad del EI es llevar nuestra democracia al caos", añadió.
Pero mientras la nación se mostraba unida tras el atentado contra Charlie Hebdo, la cohesión parece flaquear con cada nuevo ataque: esta vez sólo tardaron unas horas en que la oposición exigiera al Gobierno mayor dureza contra el terrorismo, cuando hace sólo unos días el país volvió a prolongar el estado de excepción hasta comienzos de 2017.
"Nos preguntamos hasta dónde puede llegar", dijo el vicario Maheut a la emisora BFMTV. Unas semanas antes de su muerte, el sacerdote asesinado había llamado a su comunidad a hacer del mundo un lugar "más cálido, humano y fraternal".
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