10 de septiembre 2009 - 00:00

El cine alemán tras los pasos de polémica diva

Kai Wessel director de «Hilde», que se verá hoy en la apertura de la Semana de Cine Alemán.
Kai Wessel director de «Hilde», que se verá hoy en la apertura de la Semana de Cine Alemán.
 «Hilde», con Heike Makatsch en la piel de la polémica y admirable Hildegard Knef, «Hace un año en invierno», de Caroline Link (una familia destruida por un accidente), «Cara Norte», de Philipp Stoelzl, drama de alpinistas en 1936, «Dr. Alemán», de Tom Schreiber, aventura de un médico en Colombia, el romántico «Effi Briest», con Julia Jentsch, «Los Buddenbrooks», con Armin Mueller-Stahl (dos nuevas versiones de clásicos literarios), y «Niña de noviembre», reencuentro de una joven con la madre que la abandonó recién nacida para huir a Occidente, son algunos de los títulos del 9° Festival de Cine Alemán que hoy empieza en el Village Recoleta. En la apertura oficial se verá, «Hilde», con cuyo autor, Kai Wessel, dialogamos telefónicamente.

Periodista: Recordamos a la actriz Hildegard Knef por «Los asesinos están entre nosotros», «Decisión antes del amanecer», «Balada para un canalla», «Las nieves del Kilimanjaro» y «Fedora» (además de «Los 12 del patíbulo» y otros cuantos films donde figura como Neff), pero ahora vemos que su vida era muchísimo más interesante que sus personajes.

Kai Wessel: Sí, a los 20 ya había pasado más cosas que yo a los 40. Y a los 40 se reiventó como cantautora. Además, siempre vivió y se expresó públicamente como sentía que era correcto, con lo cual fue un ejemplo para las mujeres de su época, pero también motivo de escándalo. Recuerde cómo defendió su desnudo en «La pecadora», de 1951. Aún hoy se la discute, por eso terminamos apelando a una guionista sueca, María von Heland, también directora, que nos dio una mirada más neutral.

P.: ¿Es cierto que Knef recibió los elogios de Goebbels, tal como aparece en su película?

K.W.: Cierto. Transcribimos palabra por palabra la carta que Goebbels le escribió a Else Bonger, directora del estudio donde Hildegard se inició.

P.: ¿Y sus amores con el hombre fuerte del cine alemán, el funcionario nazi Ewald von Demandowsky, siendo ella todavía menor de edad?

K.W.: Se amaron, pelearon juntos contra la invasión rusa, huyeron y fueron capturados. Es lo que sabemos. Luego, hay cosas que no sabemos, que ella no recordaba o no quería recordar. Parece que se reencontraron por lo menos dos veces después de la guerra, hasta que él fue fusilado. Investigamos en los archivos de Moscú y Berlín Oriental, sin suerte. Para todo, cotejamos investigaciones diversas con su «novela autobiográfica» (así la definía), y hablamos mucho con sus hijos y sus tres maridos. Entonces le reprochaban «tantos hombres», pero hoy tenemos hasta cancilleres varias veces casados.

P.: ¿Ustedes tienen el dicho «detrás de todo gran hombre hay una gran mujer»? Porque aquí parece darse el caso inverso.

K.W.: Así es. Ella supo encontrar los hombres perfectos para cada momento. Primero, jovencita, el funcionario nazi y tras la guerra el productor que había emigrado por culpa de los nazis, Erich Pommer («El gabinete del Dr. Caligari», «El ángel azul», etc., hasta «Hijos, madres y un general»), que para ella fue como un abuelo.

P.: El único con quien no tuvo amores.

K.W.: Pommer se casó en 1913 y siguió casado con la misma mujer hasta su muerte en 1966. Juntos vivieron éxitos mundiales y juntos fueron obreros en una fábrica de porcelana cuando les fue mal.

P.: ¿Es cierto que murió el mismo día que Hildegard dio su recital consagratorio en la Filarmónica de Berlín, como aparece en «Hilde»?

K.W.: En verdad murió unas semanas después. Esa es una licencia artística que nos tomamos. Aclaro que ninguna de nuestras licencias es decisiva. ¿Pero cómo sintetizar, si no, semejante vida? Hasta debimos descartar algunas escenas ya filmadas, para que «Hilde» no fuera tan largo. Por ejemplo, cuando ella, ya casada con un oficial americano de origen judío, conoce a los suegros. El viejo había tenido una fábrica textil, perdió 16 familiares en los campos, ahora trabajaba de ascensorista, ¡y el hijo se le aparece casado con una alemana! La odiaron.

P.: Con razón en «Hilde» no se le mueve un pelo cuando le comentan que los suegros ya se murieron. ¡Pero tampoco tiene el menor gesto hacia su entonces ya ex marido, ni se molesta en visitar a Pommer cuando le dicen que está muy enfermo!

K.W.: Fue así. Knef tenía ese mecanismo de autodefensa. Cuando cerraba un capítulo de su vida, lo cerraba de veras. Pasó diez años antes de hacer un mínimo contacto con ese primer marido, Kurt Hirsch, algo que a él le dolió mucho. Para preparar la película fuimos a verlo a California, cenamos y charlamos mucho con él. Nos contó de Suiza, que les pareció un mundo resplandeciente (los suizos no podían entender cómo Alemania había quedado tan mal). El matrimonio pasó bien mucho tiempo, él supo reubicarla en Europa cuando se estancó lo de Hollywood. Sin él, ella no hubiera resistido. Pero luego, no lo necesitó.

P.: ¿Y qué pasó con el inglés David Cameron? (se conocieron en 1959, rodando un capítulo de la serie televisiva «International Detective»).

K.W.: Eso es muy interesante, porque él ya era un actor bien apreciado en su país, pero dejó toda su carrera para ponerse un paso detrás de ella y ayudarla. Él puso toda su capacidad en ella, impulsándola en su época más creativa, la de cantautora. Ambos eran muy energéticos, y dieron un ejemplo de relación de pareja.

P.: Hasta que él se mandó mudar y volvió a los sets.

K.W.: En esos 17 años no filmó una sola película. Igual no hubiera podido. Ella lo necesitaba continuamente. Era una mujer fuerte, pero no podía dormir sola. Eso nos lo confirmó su tercer marido, Paul von Schell, a quien le tocó lo peor, cuando debieron combatir contra el cáncer de pecho. Pero nuestro film termina mucho antes.

P.: Claro, va de 1943 a 1966. Muy buena la protagonista, Heike Makatsch, que la representa desde los 17 a los 40 años. Aunque le faltan muchos cartones de cigarrillos para cantar exactamente igual que la original.

K.W.: Sí, es cierto. Y bebida blanca. Por supuesto que no llegaremos a la original. Pero tampoco quisimos una imitación, ni un mito atrapante. Nos concentramos en contar una historia veraz, de una mujer alemana talentosa, que supo sobrevivir y salir adelante más de una vez.

Entrevista de Paraná Sendrós

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