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El cosmos geométrico de López Osornio en Aeroparque
Una de las obras de César López Osornio que pueden verse en su recientemente inaugurada exposición del Espacio Arte del Aeroparque metropolitano.
López Osornio nació en 1930, en La Plata, donde en 1959 egresó de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad, y al año siguiente viajó al Japón donde residió tres años, gracias a una beca de estudios de arte oriental otorgada por la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires y la Universidad de La Plata. Estudió en el Departamento de Arte de la Universidad Tecnológico de Osaka; y en la Facultad de Arquitectura en la Universidad de Kyoto.
A su vuelta al país, fue nombrado profesor de Visión en la Universidad de su ciudad hasta mediados de los setenta, cuando debió iniciar su exilio en Venezuela (1975-1980). Allí desempeñó su actividad docente en la Universidad Central de Caracas; y luego en España, en la Universidad de Zaragoza, hasta 1999, cuando regresó a la Argentina.
En Espacio Arte expone «Soles flotantes» serie en la que conjuga una armonía de esferas luminosas en las que aplica el color por tonos y transparencias, expandiéndolo sobre la superficie. «No hay aquí referencias objetivas, y la misma sugestión de soles que se confirma con el título de esta serie, es sobre todo, de carácter simbólico. Parte de la indescriptible distancia entre el yo y el mundo que lo rodea. La imagen que tenemos de éste se rechaza y se crea una realidad que esperamos coincida con él en algo esencial. Solo tenemos la intuición. (.) Se trata de dejarnos invadir por sensaciones sutiles que al pintor le llegan a través de formas y colores», escribió el reconocido crítico español Corredor-Matheos, invitado a Buenos Aires por el CAYC.
También presenta Ventanas, Esferas, Oros, de la serie «De la Otra Geometría», en las que conjuga un cosmos geométrico.
Si en Europa (de París a Moscú), el arte cubista y el geométrico antecedieron a la arquitectura racionalista, en América sucedió al revés. Nuestra primera ola de modernismo arquitectónico aparece entre la ya legendaria visita de Le Corbusier a la Argentina en 1920.
En la década del cuarenta se afianzó en esta orilla del Plata el arte concreto. Sus hitos fueron el «Manifiesto de los Jóvenes contra la figuración», firmado en 1941 por Girola, Hlito y Maldonado; la edición en Buenos Aires, en 1943, de «Universalismo constructivo», de Torres García -luego de su muestra y sus conferencias de 1942, que sirvieron para estrechar las relaciones con sus admiradores de Argentina-; la publicación, en 1944, del único número de «Arturo», «revista de artes abstractas» y órgano de los nuevos creadores; y, en 1945-46, el cisma: la Asociación Arte Concreto-Invención (liderada por Maldonado), y el Movimiento Madí (por Arden Quin). Un tercer desprendimiento fue el Perceptismo de Lozza (1947), desaparecido el año pasado.
Se trataba de forjar un arte de hechos visuales puros, ajeno a toda intención metafísica, emotiva y, por cierto, realista-figurativa: un arte válido por sí y en sí, libre de ataduras. Su arsenal, escaso, aunque de posibilidades ilimitadas, eran líneas rectas y curvas, triángulos, cuadriláteros, polígonos, elipses, círculos, más las combinaciones y modificaciones debidas a la interacción de estos elementos. En el espacio dinámico incidieron el juego de las formas y las tensiones desarrolladas en la tela.
Aquellos momentos del arte argentino fueron reconocidos en la década del sesenta en dos retrospectivas «Quince años de Arte Madí» (1961), en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires; y «Arte Concreto-Invención» (1968) en la Sociedad Hebraica Argentina. Otro balance fue llevado a cabo en «Del arte concreto a las nuevas tendencias», que se expuso en 1963, en el Museo de Arte Moderno. En ese mismo año, organizada por nuestro crítico protagónico Jorge Romero Brest se presentó en el Museo Nacional de Bellas Artes, «Más allá de la geometría», y en 1968, «Beyond Geometry» en el Center for Interamerican Relations de Nueva York, también curada por el Director del Museo Nacional y el Instituto Di Tella.
En ese contexto de los años sesenta, un grupo de artistas, entre ellos, López Osornio, plantearon lo que el crítico Aldo Pellegrini llamó geometría sensible: compartieron algunas modalidades de los concretos aunque se diferenciaron por tres variantes: la serialización de formas elementales con un espíritu totalizador y una acendrada riqueza cromática, el uso de planos entrecortados definidos con grandes manchas de color; y la elaboración de estructuras libres.
López Osornio fundó en su ciudad natal, en el Pasaje Dardo Rocha, el Museo de Arte Contemporáneo Latinoamericano, un proyecto que había formulado en 1978, durante su residencia en Caracas.
En la década de los ochenta, durante su residencia en Barcelona, gestó la idea de una exposición latinoamericana. Cuando se pudo concretar la exposición, en 1992, muchos de los participantes donaron sus obras como fondo para el proyecto de su futuro museo, fundado finalmente en 1999. El acervo fue enriquecido en 2003 con alrededor de cien obras de la Colección MADI Internacional, una derivación del movimiento fundado en la Argentina en 1946.


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