La buena marcha de la economía y la aprobación de algunas leyes y proyectos relevantes no fueron suficientes para elevar la popularidad de Piñera, el primer gobernante conservador en llegar a La Moneda desde la recuperación de la democracia.
El célebre rescate de los 33 mineros de Atacama, en octubre de 2010, disparó su popularidad, aunque fue un episodio efímero y poco después la valoración ciudadana se desplomó de nuevo.
Durante su mandato, Piñera trató de dar un nuevo aire a la derecha chilena y alejarla del legado de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990). Incluyó en su gabinete a varios ministros con un perfil más técnico que político y no dudó en tomar decisiones con las que ningún Gobierno anterior de la Concertación -la alianza de centroizquierda- se atrevió, como subir impuestos a las empresas y cerrar una lujosa cárcel para violadores de los derechos humanos.
Todo esto con una economía que navegó viento en popa e indicadores macroeconómicos que situaron a Chile como uno de los países más prósperos de América Latina.
El Producto Bruto Interno (PBI) creció a una tasa promedio cercana al 6%, la inversión extranjera aumentó año tras año y el desempleo bajó al 6%.
Piñera defiende, además, que creó cerca de 800.000 empleos desde 2010 y presume de haber reconstruido prácticamente todo lo que el terremoto y el tsunami arrasaron el 27 de febrero de 2010, pocos días antes de que él asumiera.
En el plano político, impulsó la ampliación de tres a seis meses del período de permiso posnatal para las madres y promulgó leyes para reformar el sistema electoral, como la que establece elecciones primarias para candidatos presidenciales o la inscripción automática en los padrones y el voto voluntario.
Uno de los momentos en que Piñera asumió más protagonismo político fue en septiembre pasado con la conmemoración de los 40 años del golpe de Estado que derrocó al presidente Salvador Allende. El mandatario quiso desmarcarse de la derecha tradicional e incluso habló de "cómplices pasivos" para referirse al rol de algunos políticos de su coalición durante la dictadura militar.
Las críticas desde los sectores más derechistas de Renovación Nacional (RN) y la Unión Demócrata Independiente (UDI) no se hicieron esperar y la polémica salpicó a la candidata oficialista Evelyn Matthei, hija de un general retirado que formó parte de la Junta de Pinochet.
No hay una única razón que explique la baja popularidad de Piñera, aunque los analistas coinciden en apuntar a la falta de carisma como un algo fundamental.
Carlos Peña, rector de la Universidad Diego Portales, planteó recientemente en una columna en el diario El Mercurio que podría ser que el mandatario "haya hecho un buen gobierno, pero haya sido un mal presidente".
"Para ser un buen presidente no es suficiente la sagacidad y la astucia felina. Se requiere la capacidad de conectar con las mayorías, de empatizar con ellas", decía.
Otro columnista, Héctor Soto, consideró en La Tercera que uno de los errores de Piñera fue tratar de emular y superar la proximidad ciudadana de la expresidenta Michelle Bachelet. Pero el rechazo ciudadano que lo acompañó no parece haber bajado a Piñera de la idea de la reelección.
Así, en varias ocasiones dijo que cuando entregue el cargo en marzo del año que viene no retomará su faceta de empresario, sino que seguirá en política desde una fundación y un centro de estudios.
En cuanto a volver a presentar su candidatura, hipotéticamente en 2017, señaló que no deja de ser una alternativa, pero todavía es muy pronto para pensar en ello.
| Agencia EFE |


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