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El día que engordaron la Tierra
Flint y Sam, azorados ante el chaparrón con ketchup. «Lluvia de hamburguesas» es un espléndido debut de la división de animación digital de Sony.
Para una sociedad que ha llegado a alimentar la teoría de que en el principio no fue el Big Bang sino el Big Mac, «Lluvia de hamburguesas» es una película llamativa, distinta, y profética de esa manera ingenua pero eficaz como lo fue la ciencia ficción de los años 50 con respecto al riesgo nuclear sobre la humanidad. En este caso, el Apocalipsis tan temido se refiere a la comida chatarra en general y no sólo a las hamburguesas; de hecho, el título original del film es «Nublado, con posibilidad de albóndigas», porque aquí llueve de todo: donuts, confetti, pollo frito con papas fritas, y hasta se desata un ominoso huracán de spaghetti que escupe esas albóndigas como si fueran las bolas de fuego del juicio final.
Si no se tratara de la adaptación de un libro para chicos que llegó a ser muy popular tres décadas atrás en los EE.UU., --el film no sólo va dirigido a ellos-- podría llegar a conjeturarse, inclusive, que «Lluvia de hamburguesas» es el primer largo de animación de la aperturista era Obama: la catástrofe climática, una vez desatada, sólo se cierne sobre el primer mundo saciado, mientras que el sur hambriento queda intacto. Quizá es hilar muy fino, pero el salvador que termina por asistir a las víctimas de la indigestión y la obesidad (una obesidad bíblica, claro, no la que combate Cormillot) es un médico guatemalteco que propone volver al apio. Y natural, no llovido.
Protagonista de la historia es el pequeño Flint, un nerd rebelde que pasa sus días encerrado en su gabinete científico, y en el cual inventa la máquina capaz de hacer llover comida. Como el aprendiz de hechicero, una vez desencadenada no podrá detenerla. Pero, para el alcalde de la olvidada aldea isleña donde vive Flint, cuyo sustento primordial es la pesca y el envasado de sardinas, la novedad no puede ser más revolucionaria. De allí en más, la isla de la sardina podría convertirse en atracción turística mundial.
El padre de Flint, un pescador taciturno a quien casi nunca se le ven los ojos que lleva ocultos detrás de una espesa línea de cejas, no siente el mismo orgullo: el chico es la representación de una modernidad no bienvenida. Sam, la heroína de la historia, juega el papel de una meteoróloga televisiva a quien castiga el canal con la misión de transmitir sus informes en esa isla alejada (como le ocurría a Bill Murray en «Hechizo del tiempo»).
Estimulante debut en la animación digital del sello Sony a través de los directores también primerizos Phil Lord y Chris Miller --dibujos y diseño, con lujos como el palacio de gelatina que Flint le dedica a Sam, son espléndidos-- «Lluvia de hamburguesas» no parece el vehículo ideal, por su mensaje, para ser auspiciado por ninguna de las grandes cadenas de fast food; sin embargo, capitalismo obliga, en el exterior lo fue de todas formas por la línea King. La película se disfruta seguramente más en 3D (así la vio este diario), aunque su versión sin relieve no ha de afectarla demasiado.


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