- ámbito
- Edición Impresa
El dilema de ser inglés y ver el Mundial en la Argentina
James Grainger, editor de Internacionales del Buenos Aires Herald.
Para mí, ahora que vivo en la Argentina, ese principio sigue siendo el mismo. El padre de mi media naranja es fanático de Boca, así que veo a los xeneizes con cariño. Pero el primer equipo que vi en persona cuando llegué a Buenos Aires, un par de años atrás, fue Defensores de Belgrano, por lo que adopté a "Defe" como mi cuadro local.
¿Por qué le cuento todo esto? Quiero que entienda mi dilema. En las últimas semanas he estado pensando sobre qué hacer cuando Inglaterra, inevitablemente, sea eliminada de la Copa del Mundo. No tenemos chances esta vez.
Hay dos caminos: uno, elegir al más desamparado. A los ingleses nos encanta eso; amamos a los advenedizos. Ésa es la razón por la que nos gustan esos torneos que mezclan equipos de Primera con otros de ligas regionales. Así, estrellas multimillonarias de la Premier League caen derrotadas por un conjunto amateur conformado por un par de empleados de McDonald's, un pintor, un decorador y alguien que trabaja en una fábrica de salchichas. ¿Camerún? ¿Tal vez veamos una ola inglesa de muestras de amor por Irán este año? Es una posibilidad.
Pero hay otra opción. Cuando Inglaterra se quede afuera, podría apoyar a Argentina. Después de todo, vivo aquí y mi mencionada mitad (mucho mejor y más guapa que yo) es argentina. Tengo queridos amigos aquí. Quiero decir, tienen a Messi, a Agüero, a Di María... Tienen carne y buen vino; sol y clima cálido. Los argentinos han sido muy amables y agradables conmigo. Además, no tienen a una anciana que supuestamente es su jefa de Estado y están exceptuados de tener que vivir bajo la órbita de su insufrible hijo en el futuro. Tuvieron al mejor jugador que haya practicado este deporte y ahora tienen al mejor de los que pisan las canchas. Mi club en Inglaterra, el Tottenham Hotspur, acaba de designar como técnico al argentino Mauricio Pochettino. ¿Es una señal?
Pero por otro lado, no tienen una cerveza decente. O pubs. Y todos piensan que el café es bueno, cuando realmente no lo es. Tienen inflación y desechos de perros en las veredas, que están todas rotas. Inventaron su propio dólar, aparentemente de diferente color.
Lo sé, lo sé. Hay un enorme elefante en la habitación que no estoy mencionando. Comienza con "M". Está bien, lo haré, me presionan: Maradona. Y su mano de Dios... (a nosotros, los ingleses, no nos gusta el juego sucio, y es por eso que retamos a Michael Owen cuando ganamos ese penal... mmm...). Hay otra pregunta: ¿los argentinos siquiera quieren mi apoyo? ¡Soy inglés!
Voy a contar un secreto. Intenté apoyar a Argentina durante la última Copa del Mundo, cuando vivía en Londres. Mi novia y yo llamamos a nuestros amigos argentinos y nos fuimos a ver el partido a un bar verdaderamente horrible, en Leicester Square, que tenía puestos de venta de empanadas y banderas azules y blancas. El sitio estaba incluso vendiendo Quilmes. Luego vinieron las canciones. Pasaron algunos temas de Charly García y otros de la Bersuit. Todo el mundo comenzó a gritar a viva voz "¡El que no salta es un inglés!" (yo no salté). Y entonces llegó el puntapié inicial. No sé si recuerdan aquel partido, pero todo terminó bastante rápido. Me sentí muy mal en serio por los argentinos. Pobre Maradona, con su traje mal ajustado. La desesperación ante cada gol alemán. Encima, todo el mundo bebiendo Quilmes.
Está bien, lo admito: sentí su dolor, pero fue un poco divertido. Tal vez hubo un poco de júbilo contenido. Nosotros lo sabemos, porque casi siempre perdemos con Alemania. Fue tan agradable ver a alguien más golpeado por una blitzkrieg además de nosotros. Al finalizar la noche, me sentí culpable. Tal vez había estado bebiendo, pero no voy a negar mis emociones. Vuelvo al punto de partida. ¿Qué hago? ¿Debería traicionar mi pasado por una chance de gloria? Estoy perplejo. Estoy mucho más confundido que antes. ¿Tal vez sólo alentaré a Argentina cuando sea el último orejón del tarro?
(*) Editor de Internacionales
del Buenos Aires Herald


Dejá tu comentario