24 de octubre 2016 - 00:00

El dólar fuerte ataca de nuevo

Brotan otras preocupaciones sobre la marcha de la economía: señales de inflación aquí y allá, por ejemplo.

 ¿Es el regreso de los zombies? ¿Vuelve a pisar fuerte el dólar en el mundo? ¿Y a empinarse las tasas largas y la inflación? ¿Y por qué no pensar en la vuelta de la expansión fiscal? La Fed machaca con su intención de elevar las tasas cortas más pronto que tarde, y ayuda a la resurrección de una colección de preocupaciones que parecen salidas de un arcón de anticuario. Clinton vs Trump desembocará en el estuario de un mayor gasto público, gane quien gane. La inflación minorista núcleo se acomodó hace meses sobre el umbral del 2%. Y la novedad más fulgurante -la moda de las tasas largas bajo cero- ya no se usa entre los soberanos. A 10 años, la excepción es Suiza (y de manera intermitente, Japón). Todos subieron el ruedo del pantalón, la curva de rendimientos se empinó, y con señales de inflación que brotan aquí y allá, inofensivas las más pero donde antes no había maleza, se armó el cocktail de una transición. El menú fin de año es la materia de discusión.

La fortaleza del dólar debería ser natural dado el desnivel de velocidades entre la recuperación de EE.UU. y la de Europa y Japón, pero hizo falta que el banco central agitase el fantasma de la suba de tasas - y que Stanley Fischer, el dos de la Fed, relativizara las expresiones de la número uno, Janet Yellen, a favor de auspiciar una economía que corra liviana de ataduras ("con alta potencia") - para devolverlo a la palestra. Y ahora, reanimada la fiera, habrá que ocuparse de apaciguar un exceso de fervor. El dólar multilateral (Dollar Index) desplegó notable pujanza en la semana encaramándose a las cotizaciones más altas desde marzo. El euro cayó por debajo del umbral de 1,10 pese al silencio de radio de Mario Draghi sobre las chances de ampliar la vigencia de su programa de compra de bonos soberanos (QE). No obstante, cuando llegue el momento, nadie espera que suceda otra cosa. El ascenso del dólar se potencia por la bajamar acentuada de sus principales contrapartes. La libra esterlina no abandona su estado lastimoso. El espectro del Hard Brexit trajo consigo a una libra que se debilita a manera de válvula de escape para compensar tensiones. Hasta que la premier Theresa May - con su aserto de que "brexit significa brexit"- descubra en concreto qué es lo que se puede hacer en el brete, la libra se comportará como un sterling peso. No cabe esperar gran cosa tampoco del dólar canadiense tras desayunarse con que quizás la recesión acecha a la vuelta de la esquina. Y si bien el banco central enfatizó que los riesgos macro están balanceados, saber que se analizó la posibilidad de un relajamiento vale por mil palabras. Japón le sacó terreno al dólar, pero venía de una seguidilla de tres en retroceso. Y un yen fuerte es lo último que el país necesita. China, que un año atrás desató una convulsión con su anuncio de modificación en el régimen cambiario, confirma un año después qué es lo que tenía en mente. El yuan renminbí se desliza en patines, y acaba de protagonizar el segundo episodio más importante de depreciación desde agosto, para ubicarse en su valor piso desde 2010. En esa Armada Brancaleone, con una economía detrás que se arrima al pleno empleo y con la Fed por inflar el velamen de las tasas, el dólar debería pasar de grumete a almirante. Es un guión conocido. También a esta fecha en 2016 el dólar cobraba altura. Y con el mismo ticket: la confianza de que la Fed tendrá pista para despegar en diciembre. Lo que no hay que olvidar es que dólar y tasas vuelan en código compartido. No son independientes.

Dejá tu comentario