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El enviado del Papa tuvo la primicia de Domínguez
• PRIMERA REACCIÓN DEL PERONISMO ANTE LA INTEGRACIÓN DEL ACUERDO UCR-PRO.
• FUE UN ADELANTO DE ESTE DIARIO.
El obispo argentino Marcelo Sánchez Sorondo, junto a Julián Domínguez y Mario Oporto, en el acto del martes en donde se enteró de que se confirmaba el aval presidencial al diputado para que dispute la candidatura a gobernador de Buenos Aires y se sume a los otros postulantes del peronismo.
Julián se había reunido el lunes por la noche con la Presidente en Casa de Gobierno, luego del acto en el cual se anunciaron medidas agropecuarias. Justificó el diálogo que Domínguez fue ministro de Agricultura, y es el que mejor recuerdo le ha dejado a la mandataria porque cumplió con la misión de sacar la pelea con el campo del centro del escenario y abrir el ciclo de mejores relaciones con las entidades del sector, que quisieran que Julián nunca se hubiera ido del cargo.
Pero el elemento eficaz de la decisión fue la necesidad de darle una respuesta al dato político del año: el acuerdo UCR-PRO, que deja claro que hay un arco opositor que irá por el voto no peronista y que la pelea será entre dos y no entre tres. Hasta la Convención de Gualeguaychú todos trabajaban con la presunción de un escenario de tercio-tercio y tercio (peronismo, UCR y aliados, y macrismo). Ahora es una pelea entre dos: es evidente quién quedó enfrente y ubicar a Domínguez en la provincia es la primera señal de una estrategia esperable: poner al oficialismo como aspiradora de peronismos y tratar de vencer la principal dificultad en el distrito, licuar a Sergio Massa, que hace política y le compite usando el mismo electorado. El primer efecto Gualeguaychú es la pérdida de gravitación del Frente Renovador, que es ahora el blanco del peronismo que gobierna al que tiene que succionarle los votantes en Buenos Aires.
Esa charla del lunes continuó a otra ocurrida antes del viaje de Domínguez al Vaticano a acompañar al tucumano Luis Villalba en su exaltación al cardenalato. A ese viaje fue el diputado, ya con la venia, a jugar como precandidato del peronismo a la sucesión de Daniel Scioli, desmantelando la estrategia de por lo menos instalarse como presidenciable. Por eso se entrevistó con Francisco, siguiendo el dictamen de que no recibiría a ningún candidato a presidente y esa fue la señal de que se había bajado. En todo caso ingresó a la oficina de Petro Parolín, secretario de Estado, como presidenciable y salió como precandidato a gobernador.
Oficialización
En la explicación que le dio a su equipo, Domínguez lo comprometió al cumplimiento de un proyecto de Olivos que no está enganchado a ninguna candidatura presidencial, y a seguir con su responsabilidad de campaña, que comenzó anoche con una aparición por ATC en un bloque de "6,7,8", la manera más eficaz de formalizar la confirmación de la noticia. Este fin de semana, Julián ya hará apariciones territoriales mostrándose como el postulante a suceder a Scioli, y seguramente deberá plegarse al lema del gobernador de que es candidato del "a favor". Le costará a su equipo, que encabeza el legendario Enrique Albistur, encontrar una línea proselitista que eluda las críticas a la gestión que termina en diciembre para no precipitar desencuentros.
Domínguez, hasta nuevo aviso, se mostrará como uno más de los precandidatos, y con esa chapa tiene que comenzar interminables negociaciones con intendentes y legisladores del oficialismo provincial para asegurarse apoyos mutuos. En ese rol tiene que probarles que su nominación es la mejor chance de que ellos conserven el poder territorial y las bancas, en un año de altísima peligrosidad. No está resuelta la candidatura presidencial pero que se hable de unas PASO peronistas entre dos comprovincianos -Scioli y Florencio Randazzo- abre una pelea que él deberá cuerpear. De todos los desafíos que enfrenta es el más delicado y riesgoso. El peronismo bonaerense es la clave del destino del peronismo nacional. Que Massa aparezca como víctima del acuerdo de Gualeguaychú lo pone en estado de debilidad y la misión del oficialismo es jibarizarlo y aislarlo del electorado que lo hizo ganar en 2013, que se compone de peronistas que, muchos de ellos, respondían en los focus groups después de la elección que habían votado al FR porque apoyaban a Cristina.
Una mezcla poco habitual
Para ese propósito, nada mejor que un peronista que no necesita probar su peronismo y que, además, es un cristinista empedernido. Una mezcla que nadie puede lograr entre los demás precandidatos a gobernador. Su trayectoria en los últimos 30 años con los gobiernos peronistas le hizo subirse a todos los colectivos (menemismo, duhaldismo, ruckaufismo, kirchnerismo). En todas esas escalas probó su agilidad para el "posicionamiento" (en el peronismo no hay mejor elogio que decir "qué bien quedó posicionado"). Agrega a eso un estilo conciliador, casi episcopal, que le ha hecho ganar el afecto de los diputados de todos los bloques, a quienes les satisface las necesidades básicas, y los saluda, sorprendiéndolos, con regalos de cumpleaños. En eso, es lo menos peronista posible, porque se mueve con ellos por encima de las inquinas partidarias, que no son pocas. Un caballero.
Eso lo exaltó el grupo de legisladores e intendentes a quienes el dominguismo le confió una minicampaña de declaraciones de apoyo adelantado a su nominación para instalar la confirmación de la noticia que este diario publicó hace 10 días. Ese colectivo de voceros derramó elogios sobre su persona que nadie dudará que no tengan la venia presidencial (ver nota aparte). Justificaron su rueda de apoyo en dos encuestas que lo ponen encima de otros candidatos a gobernador por 27/29 puntos (y eso, dice uno, que una de las encuestas la encargó Francisco de Narváez...)
Frente a eso, que sea un hombre ligado a la Iglesia, y quizás el mejor emisario del Gobierno frente al Papa, parece una minucia. Pero ayuda, y por eso en los próximos días habrá reuniones de él con los obispos del distrito que lo saludarán como su opción preferencial.


