Mientras crecen las protestas en el mundo árabe (a Túnez se sumaron Egipto y Yemen) y Nueva York roza el caos con la última tormenta de nieve (este apunta a ser el invierno más crudo desde 1870), aunque algo más acotado, el mercado bursátil prácticamente repitió lo del miércoles. Es así como lo mejor pasó por el NASDAQ, avanzando un 0,58% (impulsado a último momento por el favorable balance de Microsoft), en tanto el Dow se anotó una tímida suba del 0,04% cerrando en 11.989,83 puntos, tras quebrar varias veces la línea de los 12K, pero sin decidirse del todo. En lo local, podríamos decir que el inesperado incremento en los pedidos de seguro por desempleo y el desplome de las órdenes de bienes durables fueron neutralizados por los balances ingresados (Caterpillar, Eli Lilly -AT&T, Procter y Colgate retrocedieron a pesar de los buenos números-) y el incremento en el número de viviendas vendidas. En esta situación de paridad, lo lógico es entonces mirar hacia afuera. Más allá de la espectacularidad que tuvo la rebaja crediticia de la deuda japonesa, lo cierto es que S&P ya había advertido al Gobierno nipón que lo haría. Lo importante entonces no fue tanto el cambio de AA a AA-, sino los duros términos que acompañaron la decisión. En la práctica, esto resultó en una leve caída del yen frente al dólar (al final de la jornada, quien más retrocedía era el dólar, un 0,22% frente a las principales monedas), pero lo que es más serio, en un incremento de las tasas italianas y belgas (que podría estar prenunciando algo). Por su parte, los commodities no salieron muy favorecidos, y el petróleo retrocedió a u$s 86 por barril, dejando la sensación de que algunos inversores optaron por buscar cobijo en los bonos del Tesoro. En otro frente, fue interesante la conclusión de la Comisión de Investigación de la Crisis Financiera del Congreso.
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