La semana arrancó a toda máquina. De hecho, el 0,92% que ganó ayer el Dow, cerrando en 11.980,52 puntos, es la mayor suba diaria desde el 2 de diciembre. Aparentemente, fueron dos los elementos que más contribuyeron a esto. Por un lado, el anuncio que Intel aumenta su dividendo y recomprará sus acciones por unos u$s 10.000 millones (claro que esto -que podrían imitar otras cotizantes- sugiere que no les sirve colocar dinero en la actividad propia de la firma), lo que apuntalaría el papel por al menos un trimestre (esta noticia se vincula con el 1,04% que ganó el NASDAQ que, a no olvidar, venía de una semana bajista). El otro elemento parece que fue la buena jornada de las empresas del sector materiales. Pero esto no se vinculó a la suba de los commodities (que retrocedieron en promedio un 0,75%; el petróleo -1,39% tras el anuncio del incremento de la producción por la OPEC, aunque el cobre aumentó casi un 1% por el temor a la disminución de stocks y producción), sino, tal vez, con el nuevo desplome del dólar (cedió un 0,2% ante las principales monedas). Aquí la apuesta es a que la UE anunciara pronto el refuerzo de su Fondo de Estabilidad Financiera (hay que ser muy despistado para creer que esto signifique el fin de las crisis crediticia europea; si no se pone más dinero y la situación empeora, el FEF puede volverse insolvente), pero por sobre todo -aunque no se lo mencione en voz alta- a la suba de las eurotasas (atención con los últimos comentarios del presidente del BCE) que derivaría en un tsunami de dinero -de Asia y América- hacia el Viejo Continente. No por nada desde el 10 de enero (mínimo en 4 meses) la moneda común gana un 6% frente al dólar y roza el máximo desde noviembre frente al yen.
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