30 de enero 2012 - 00:00

“El flamenco es la banda de sonido de mi infancia”

Para el guitarrista Rodrigo González, «los otros géneros son sólo herramientas que me sirven para incorporar al flamenco».
Para el guitarrista Rodrigo González, «los otros géneros son sólo herramientas que me sirven para incorporar al flamenco».
«Lo que distingue a un guitarrista de flamenco de uno que simplemente toca esta música es el saber o no acompañar a un cantaor. No es algo sencillo que se pueda aprender rápidamente. Es necesario haber nacido en ese ambiente o irlo mamando a través de mucho tiempo. Así como en el jazz un músico se distingue por saber improvisar, un guitarrista de flamenco tiene que manejar todos los palos de respaldo al cantaor; porque el cantaor es el que manda, el que da los matices y el color».

Lo dice Rodrigo González, un músico argentino con larga historia en esta música, que ha sido responsable de diferentes espectáculos, con una carrera propia -incluso con discos editados- y que ahora es el director musical de «Flamenco, furia y pasión». Esta nueva propuesta, que se estrenará el 2 de febrero en el Teatro La Casona, cuenta con la dirección general de Jorge Mazzini y las participaciones de la cantaora española Montse Ruano, González en guitarra y al frente de un grupo de músicos, y de un cuerpo de baile comandado por Jorgelina Amendolara y Sebastián Sánchez.

Periodista: ¿Cómo llega un argentino a ser músico de flamenco?

Rodrigo González: Mi padre era aficionado. Fue un estudioso del flamenco y ha escrito artículos sobre eso. En casa, lo español siempre estuvo presente en los discos; pero por el lado de mi padre, el flamenco terminó siendo la banda de sonido de mi infancia. Así que, a los 10 años comencé a tocar folklore con la guitarra, pero ya a los 14 estaba metido en el flamenco. Después, ya de más grande, me metí a estudiar música, para aprender teoría, armonía, etcétera, y me interesé por otras cosas, pero el flamenco siguió siendo mi música. Por eso, pese a ser porteño, muy raramente me he sentido un extranjero musical.

P.: Para un oído poco especialista, muchos de los «palos» parecen repetidos entre un artista y otro. ¿Qué significa «componer» en el flamenco, así como usted lo ha hecho para este espectáculo?

R.G.: En el flamenco se trabaja sobre una estructura, sobre una base, que es la que marca cada palo. Sobre eso, el compositor lo que hace es trabajar su propia melodía y sus ritmos.

P.: También para un no especialista, el flamenco puede parecer un arte tremendamente serio, en el que que no hay lugar para el humor o la distensión. ¿Es así?

R.G.: No, para nada. En el flamenco hay géneros más asociados a lo serio, como podría ser la soleá. Pero hay otros, como las bullerías, que viene precisamente de burla, las alegrías, los tanguillos, que son palos festivos. En este nuevo espectáculo, justamente, hay mucho espacio para el humor. Nosotros, con Jorge Mazzini, veníamos de hacer un trabajo sobre Federico García Lorca. Esto es diferente; y por eso me gusta trabajar con Jorge, por su versatilidad, por su capacidad de abarcar distintos modos de acercamiento al flamenco.

P.: ¿Cómo convive su carrera personal con el trabajo en este tipo de shows en los que usted se pone en manos de un director?

R.G.: Es que yo tengo mucha responsabilidad en la parte musical y, entonces, mi carrera personal, mis discos, son parte de la misma cosa.

P.: Siendo usted un músico formado también en otros géneros, ¿no le dan ganas a veces de encarar otras músicas?

R.G.: La verdad es que no. Los otros géneros son para mí herramientas que me sirven para incorporar al flamenco, pero creo que si uno quiere hacer las cosas bien tiene que dedicarse plenamente a algo. De hecho, cuando he trabajado con diferentes artistas como Niña Pastori, Enrique Morente, David Amaya, Diego Amador o Rocío Jurado, o cuando he tenido la suerte de tocar por muchos lugares del mundo, lo he hecho desde esta condición de guitarrista flamenco con la que me siento muy cómodo.

Entrevista de Ricardo Salton

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