15 de diciembre 2008 - 00:00

El gobernador corrupto se atornilla y salpica

Rod Blagojevich y su esposa Patty salen de su hogar en Chicago. Ambos están acusados de una larga cadena de actos de corrupción. Los demócratas tratan de aminorar las consecuencias, pero el gobernador de Illinois parece dispuesto a resistir.
Rod Blagojevich y su esposa Patty salen de su hogar en Chicago. Ambos están acusados de una larga cadena de actos de corrupción. Los demócratas tratan de aminorar las consecuencias, pero el gobernador de Illinois parece dispuesto a resistir.
Washington - «Tiene el pelo de un Kennedy y la lengua de un ladrón». Así se refería la edición electrónica de The Economist el miércoles al gobernador de Illinois, Milorad (alias Rod) Blagojevich. Es una definición perfecta. Blagojevich tiene una cara de niño. No refleja los 52 años que cumplió el martes. Un flequillo de adolescente formal. Y ni una cana.
Su imagen es tan buena que, el 29 de octubre de 2003, cuando George W. Bush disfrutaba de una popularidad tan grande que nadie del Partido Demócrata se atrevía a presentarse a las elecciones, comentó a Joseph Cari -un dirigente del partido especializado en lograr donaciones- que estaba planteándose entrar en la carrera presidencial.
Al final no lo hizo. El senador por Massachusetts John Kerry fue el candidato. Perdió. Pero en 2008, Barack Obama, otro político demócrata de Illinois, con una imagen todavía más perfecta que la de Blagojevich, ganó las elecciones con el triunfo más contundente de esa formación desde 1968.
Obama tiene un control de la imagen y las relaciones públicas tan bueno que muchos lo comparan con Kennedy, pese a que tiene poco en común con él.

Problema

Pero Blagojevich -el falso Kennedy- puede salpicar en su caída a Obama. Por ahora, no hay un solo indicio que implique al presidente electo en la trama de corrupción de dimensiones africanas que el gobernador de Illinois ha construido en los ocho años que lleva en el cargo. Así lo ha dicho el fiscal general del Estado Patrick Fitzgerald. Y en EE.UU. no hay aval más sólido que el de Fitzgerald, al que muchos comparan con el mítico Eliot Ness.
Así que Obama es inocente. Pero el problema que afronta el futuro presidente no es legal, sino político. Obama es un producto de lo que en EE.UU. se llama la máquina de Chicago. Es un término que se refiere al período 1870-1950, cuando las ciudades estadounidenses estaban bajo diversas formas de caciquismo, casi siempre controladas por los demócratas. Hoy, esas prácticas han desaparecido. Con una excepción: la tercera ciudad del país, Chicago.
Y la máquina política de Chicago lo ensucia todo. También a Obama. El presidente electo y Blagojevich no son amigos. Pero sí socios. Obama apoyó las dos campañas de Blagojevich a gobernador. No sólo eso. En el procesamiento de Blagojevich, de origen serbio, juega un papel central Tony Rezko, un empresario inmobiliario condenado por fraude. Rezko era uno de los miembros más destacados del Club de los 25.000 dólares, una expresión acuñada por el Chicago Tribune para referirse a los donantes de Blagojevich, quien había fijado esa cantidad como mínimo para otorgar concesiones de obras públicas. El empresario también hizo negocios con Obama en una época en la que éste, en su cargo de senador, logró una subvención de 14 millones de dólares para que Rezko construyera un asilo.
Claro que el escándalo de Blagojevich guarda más fuegos para el teflón de Obama. ¿Informó el gobernador al equipo de campaña del presidente de su intención de subastar el escaño de Obama por un alto cargo o al menos un puesto en el sector privado? De las grabaciones difundidas por Fitzgerald se deduce que sí.
Obama ha dado una respuesta confusa: «No he tenido contacto con el gobernador o con su oficina, así que nosotros no...; yo no sabía lo que estaba pasando». Entonces, ¿por qué el cerebro electoral del presidente, David Axelrod, dijo en noviembre que Obama había «hablado con el gobernador de una larga lista de nombres para el escaño»? El martes, Axelrod emitió un comunicado declarando que «estaba equivocado» cuando habló de la charla entre los dos políticos.
Blagojevich aprendió política a las órdenes de los jefes de la máquina. Primero, con Edward Vrdolyak, un republicano que se presentó a alcalde en 1989, condenado por fraude en 2007.
Cuando Vrdolyak fue destrozado en las urnas por Richard Daley, un demócrata de izquierdas, Blagojevich cambió sus alianzas sin problemas y pronto se convirtió en un hombre de Daley. Su carrera política se reforzó con su boda con Patricia Mell, la hija de Richard Mell, uno de los políticos locales más influyentes. Pronto, el binomio de Rod y Patricia (que es popularmente conocida como Blagoje-bitch, juego de palabras entre su nombre de casada y «perra») se convirtió en uno de los ejes de poder de Illinois.

Familias

Así es como se hace política en Chicago. Así es como, en realidad, los diferentes grupos étnicos -judíos, protestantes, católicos irlandeses, italianos y polacos, hispanos y negros- conviven y logran una sorprendente armonía en una ciudad todavía dividida en función de líneas étnicas, raciales y religiosas. Y así es como Chicago sigue siendo gobernada por familias de extracción obrera, como los Obama, los Daley o los Blagejovich.
El único problema es una cultura de la corrupción que resume una anécdota de 1969, cuando el gobernador demócrata Otto Kerner tuvo que renunciar después de que la Justicia descubrió que había recibido sobornos de Marge Lindheimer Everett, una empresaria propietaria de dos pistas de carreras de caballos. El escándalo explotó cuando Everett, en su declaración a Hacienda, quiso desgravar los sobornos que había pagado a Kerner. ¿Por qué? Lo explicó en el juicio: «El soborno es un gasto ordinario y necesario de las empresas de Illinois».

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