5 de septiembre 2011 - 00:00

El gran informante de las Madres

Los integrantes del pabellón de «Fuerzas» alzaron a Sergio y Pablo Schoklender en andas y los llevaron al pabellón del CINAP (Universidad de Casesor). Eran los más entusiasmados por la victoria. Con la huelga de hambre habían conseguido reivindicaciones impensables.

Sergio aprovechó esta identificación con la causa para conseguir información para las Madres de Plaza de Mayo y otros organismos de Derechos Humanos. Le había prometido a Hebe ampliar su base de datos para que «todos los represores reciban castigo».

No le costó mucho ganarse la confianza de los militares convertidos en delincuentes. Sabía la manera de hacerlo, de hecho lo logró con los presos comunes. Contaba a su favor con que esta gente había perdido los ingresos de su profesión porque había sido degradada. Algunos de los integrantes de «Fuerzas» estaban involucrados en robos y en la venta ilegal de armas.

Sergio consiguió que algunos organismos de derechos humanos les depositen dinero en la cuenta individual que tenían en la cárcel a cambio de la información.

Con este método, tuvo varios confidentes pero los principales fueron Néstor Cendón, alias «Loli» o «Castro», un exagente del Servicio Penitenciario Federal y a «La víbora» Aguilar, un civil que trabajó para el Batallón 601 de inteligencia del Ejército.

Los dos habían sido apresados en 1981 por el comisario Rodolfo Segura de Robos y Hurtos en la Costanera en la puerta del restorán o «carrito» como se los llamaba, «Negro el 11». Estaban descendiendo de una camioneta que traía armas importantes como ametralladoras Ingram y fusiles MK2 que iban a ser vendidas a delincuentes comunes.

Cendón, que había integrado un grupo de tareas y estuvo en el centro de detención clandestino El Vesubio, hacía aportes muy valiosos. Le dio nombres de gente que había participado en la represión y de desaparecidos que podían engrosar la lista de la Conadep. Como era muy ladino, hizo algo que fue frecuente en muchos entregadores, acusó a gente que no le caía bien.

Sergio comenzó a ganar prestigio por sus aportes.

Tiempo después Cendón salió en libertad y se fugó. La Secretaría de Derechos Humanos ofreció una recompensa de cien mil pesos. Fue apresado el 14 de febrero de 2010 en el balneario Santa Teresita.

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