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El “Harry Potter” con menos magia
Dividir un solo libro en dos films es una idea comercial brillante, pero no positiva para un episodio que ubica a los protagonistas lejos de los rituales de la escuela, con lo cual pierde la magia, que es la esencia de la saga.
Hay dos grandes problemas que convierten a esta nueva entrega de la saga de Potter en una de las menos logradas de toda la serie. Para empezar, hay un cambio de estructura, con los personajes fuera de la escuela para buscar y combatir al mal en otros ámbitos diferentes, sin las tradiciones y rituales que si bien ya se repitieron casi demasiado, por otro lado son la esencia de un relato de Harry Potter.
La historia tiene al trío de protagonistas (Harry, Ron y Hermione) buscando a los seres infernales de Voldemort que tiene totalmente infiltrado al ministerio de Magia. Pero pronto el ritmo se hace lento y cada pequeño incidente del argumento parece merecer una secuencia a todo minucioso detalle. Y aquí es donde nos topamos con el otro gran problema de «Harry Potter y las reliquias de la muerte parte 1».
El hecho de dividir un solo libro en dos películas, por más extensa que sea la novela original de Rowling, es algo inédito en la serie, y no es algo precisamente positivo. La literalidad nunca fue la mejor estrategia a la hora de realizar una adaptación literaria y, en este caso, entre lo hermético que puede resultar todo el asunto para el espectador que no esté totalmente consustanciado con los conflictos de Potter, y el ritmo lentísimo, sumado a la escasez de escenas de acción sobrenatural (hay una muy buena al principio, con persecución de autos, y poco más) y a un tono pretencioso como de film de arte no exhibido por ninguna entrega anterior de la saga le quitan buena parte de su magia a este taquillero personaje.
A favor de esta estrategia de dividir un libro en dos películas se puede decir que los millones de fans a muerte de los libros de J.K. Rowling (público cautivo como pocos) quizá lleguen a agradecer este calco escena por escena de la novela a adaptar, sin tener en cuenta la diferencia entre el lenguaje literario y el cinematográfico. Por otro lado, resulta obvio que estando por acabarse para la Warner el filón Harry Potter, la única manera de estirar un poco la bonanza mágica era convertir un libro en dos films, lo que en términos comerciales es una idea brillante. El problema es para los que la tienen que ver sin ser fans ciegos de Potter.
Luego hay un mal manejo de un reparto brillante pero mal aprovechado, donde John Hurt aparece pocos segundos, y el que más se destaca es un Ralph Fiennes super caracterizado de Lord Voldemort. Potter ya es un chico demasiado grande para no darle alguna alegría a su noviecita Emma Watson (sólo tienen un arrumaco en una especie de visión alucinatoria de su amigo Ron). Además, existe un problema adjudicable a Rowling: hay excesivos guiños y giros argumentales poco originales en esta parte de la saga, posiblemente debido al cansancio de continuar con los mismos personajes, como referencias obvias a Tolkien, por ejemplo, que ante la falta de acción se perciben demasiado.
La dirección de David Yates -encargado del muy superrior film anterior- es técnicamente destacable, muy apoyada por la fotografía de Eduardo Serra, y la música está a la altura de lo mejor de la saga. Pero como película partida en dos, tal vez esta Parte 1 de las Reliquias de la muerte mejore al ver el cuadro completo. Hasta entonces, es sólo una decepción de dimensiones épicas.


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