El incendio en el Museo Nacional de Río desató ira contra el ajuste de Temer

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En lo que va del año, la institución, la más valiosa de América Latina por su acervo (quemado en gran medida), recibió menos del 15% de los fondos entregados en todo 2017. Organizaciones civiles denunciaron que se gasta más dinero en lavar los autos oficiales de la Cámara de Diputados.

Río de Janeiro - La indignación aumentó en Brasil ayer, después de que un incendio destruyó el Museo Nacional de esta ciudad el domingo por la noche, un edificio histórico que carecía de un sistema de rociadores hídricos y sufría tras años de abandono financiero, lo que convirtió su destrucción en una "tragedia anunciada".

Pasado el mediodía, unas 500 personas se concentraron frente a las rejas de la Quinta de Boa Vista, el recinto que alberga el museo en el norte de Río de Janeiro, para protestar contra los recortes que habrían retrasado la modernización de los dispositivos de seguridad. Algunos manifestantes protagonizaron forcejeos con la policía y arrojaron algunas piedras. Fuerzas antidisturbios lanzaron gases lacrimógenos.

Cuando los manifestantes consiguieron abrir las rejas, la policía se retiró y les permitió el ingreso hasta el jardín que da acceso al edificio de 200 años de antigüedad, que ocupa una superficie de más de 13.000 metros cuadrados.

Entre cantos de protesta contra el Gobierno de Michel Temer, los manifestantes, entre los que había investigadores y estudiantes, escenificaron un "abrazo" al edificio en forma de cadena humana.

El aumento de la tensión reflejó la ira por la destrucción del deteriorado museo, que sufrió un descenso de la financiación federal. Vinculada a la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), la institución había sufrido recortes, que le obligaron a cerrar al público varios de sus espacios, y estaba pendiente de recibir un patrocinio por valor de 21,7 millones de reales (5,3 millones de dólares) firmado en junio por el BNDES (el banco de fomento brasileño).

El subdirector del museo, Luiz Duarte, dijo a Globo TV que la institución fue descuidada por los sucesivos gobiernos federales y que el plan de financiación del BNDES incluía, irónicamente, la instalación de un moderno equipo antiincendios.

"Nuestra comunidad está muy movilizada y muy indignada", dijo Roberto Leher, rector de la Universidad Federal de Río de Janeiro, que administra el museo. "Todos sabíamos que el edificio era vulnerable", agregó.

Entre 2013 y 2017, la financiación federal del Museo Nacional cayó en cerca de un tercio, a 643.567 reales, según datos presupuestarios oficiales. Los recortes de fondos fueron especialmente agudos este año, cuando recibió apenas 98.115 reales entre enero y agosto.

"No sirve sólo llorar. Es necesario que el Gobierno federal, que dispone de recursos, ayude al museo a reconstruir su historia", afirmó ante el devastado edificio el director de la bicentenaria institución, Alexandre Keller.

La ONG Cuentas Abiertas informó que en los ocho primeros meses de este año el Gobierno de Temer envió al Museo el 15% de los recursos entregados en todo 2017.

"O sea, hasta agosto no mandaron ni 100 mil reales para el Museo, a título de comparación podemos decir que esto es menos que el dinero de un contrato de lavado de vehículos de la Cámara de Diputados", precisó Gil Castello Branco, titular de Cuentas Abiertas.

El Gobierno de Temer, cuestionado por los recortes, anunció la creación de una "red de apoyo económico" con grandes empresas públicas y privadas para facilitar la reconstrucción de esta joya del acervo brasileño, aunque sin detallar los recursos previstos (ver pág. 20).

Roberto Robadey, comandante del departamento de bomberos de Río, dijo a periodistas el lunes que los dos hidrantes al exterior del edificio estaban secos. Esto obligó a los bomberos a usar agua de un lago cercano y de camiones cisterna. Sin embargo, el edificio ardió demasiado rápido para poder salvarlo. "En un mundo ideal tendríamos muchas cosas que no tenemos aquí: rociadores dentro del edificio", señaló.

Las autoridades no informaron todavía cuál fue la causa del incendio. El ministro de Cultura, Sergio Leitao, dijo al diario Estado de S. Paulo que es probable que las llamas fueran provocadas por un cortocircuito eléctrico o un globo de papel casero que podría haber aterrizado ardiendo en el tejado.

A fines de 2017, después de un ataque de termitas que obligó a cerrar una sala que albergaba los huesos del dinosaurio Maxakalisaurus, el museo recurrió a una recaudación de fondos de particulares para intentar reabrir la exhibición. Recibió unos 60.000 reales, casi el doble de su objetivo.

Renato Rodríguez Cabral, profesor en el departamento de geología y paleontología, dijo que el declive del museo no ocurrió de la noche a la mañana. "Fue una tragedia anunciada", afirmó mientras abrazaba a estudiantes y compañeros de trabajo. "Los gobiernos sucesivos no proporcionaron fondos ni invirtieron en infraestructura", sostuvo.

"Los bomberos básicamente sólo pudieron mirar el incendio", señaló. "Para la historia y la ciencia de Brasil, esta es una tragedia completa. No hay forma de recuperar lo que se perdió", refirió.

La Unesco lamentó "la mayor tragedia para la cultura brasileña de los últimos tiempos" y denunció que el incendio "expone la fragilidad de los mecanismos nacionales de preservación de sus bienes culturales".

Agencias Reuters, AFP y ANSA

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