El inconsciente y su encuadre ético

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Hace más de cuarenta años, una mañana, en su primera clase de física, un gran profesor que tuve dijo: «Alumnos, si se encuentran con un marciano y les pregunta, a ver, ustedes los terrícolas, qué hicieron de importante, se sacan el sombrero y le dicen, nosotros hicimos la Teoría de la Relatividad de Einstein.» Se dio vuelta, en silencio, dibujó la Tierra, y por encima de ella, un avión. Luego, trazó, desde el avión hacia la Tierra, una línea recta y varias curvas, como capas de una cebolla. Nos miró y comentó, el piloto arrojó una bomba, él la vio caer en forma recta, pero las personas que estaban en diferentes posiciones de la Tierra, la vieron caer, cada una, de una manera distinta. ¿Cómo cayó la bomba? Todavía recuerdo los nervios que me produjo nuestro prolongado silencio.

El mismo silencio provocó, en París, Jacques Lacan, en uno de sus seminarios, cuando al comienzo, le preguntara a la audiencia, por qué los planetas no hablan. Martin Heidegger fue uno de los asistentes al seminario.

Las tres heridas narcisistas de la historia del hombre en Occidente se consideran, en primer lugar, el descubrimiento de Galileo Galilei, en cuanto a que la Tierra no era el centro del Universo. La segunda, Darwin y su Teoría de la Evolución de las especies y, la tercera, Sigmund Freud con su descubrimiento sobre que el hombre no es dueño de su propia conciencia.

Algunos autores plantean si fue realmente Freud el descubridor del inconsciente, que estaba presente en los sueños de La Biblia, la obra de Shakespeare impregnada de manifestaciones inconscientes, entre otras; pero nadie discute su lugar como creador del psicoanálisis, método de cura, vía regia al inconsciente, a través de la transferencia en el ámbito de la clínica psicoanalítica.

Uno de los grandes inconvenientes del psicoanálisis ha sido, desde su inicio, su transmisión y difusión. Freud tuvo grandes dificultades y mucha valentía para reponerse a los prejuicios y malas interpretaciones sobre la teoría que fue construyendo en base a la observación clínica y que, en función de ella, le permitió producir modificaciones a través de toda su obra.

En todas las ciencias y teorías ha ocurrido un fenómeno similar en cuanto a la apropiación por parte de discípulos y seguidores que, de manera antojadiza y a su arbitrio, disponen sobre pensadores que los precedieron. ¿Cómo evitarlo? Cómo y dónde revalorar aquellos postulados. ¿Alcanza con el ámbito recoleto universitario?

Todo es relativo

El inconsciente es uno de los conceptos más difíciles de trasmitir en la teoría psicoanalítica y dependerá del momento histórico y de la escuela que lo considere. Es que tenía razón Einstein, todo es relativo, depende del punto de vista; como la bomba, que según su teoría, cayó como tantas veces fue vista caer. También Lacan, que decía que los planetas no hablan porque no tienen nada que decirse.

Para el psicoanálisis, el inconsciente y sus efectos sólo son ponderados en el acto analítico. El trabajo y abordaje de la clínica permite observar sus manifestaciones. Este postulado se respeta a rajatabla con independencia de la escuela que lo trate. Haré mención a un caso clínico como ejemplo del inconsciente que el francés Lacan refiriera estructurado como un lenguaje. Un padre consulta, con cierta angustia, de manera insistente, su preocupación porque tiene que mantener a su hija que vive en Estados Unidos. Mantener, mantener, siempre estaba presente ese significante. A lo largo del tratamiento lo que afloró como verdadera preocupación era que su hija no hubiese formado una familia, lo que ocurrió tiempo más tarde. La hipótesis de que «mantener» fue el significante de tener un hombre, sólo es aplicable al sujeto en el contexto de su análisis.

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