28 de diciembre 2010 - 00:00

El león Aslan ruge con menos fuerza

Lucy (Georgie Henley) y su amigo, el león Aslan (clara figuración de Cristo) en la tercera parte de la serie: «Las Crónicas de Narnia: la travesía del viajero del alba».
Lucy (Georgie Henley) y su amigo, el león Aslan (clara figuración de Cristo) en la tercera parte de la serie: «Las Crónicas de Narnia: la travesía del viajero del alba».
«Las Crónicas de Narnia: la travesía del viajero del alba» («The Chronicles of Narnia: The Voyage of the Dawn Treader», EE.UU., 2010, habl. en inglés y dobl. al esp.). Dir.: M. Apted. Int.: G. Henley, S. Keynes, W. Poulter, B. Barnes.

Esta tercera parte de la saga cinematográfica sobre las novelas de C.S. Lewis estuvo a punto de no hacerse, y la continuidad de las futuras cuatro obedecerá a su resultado de taquilla. Productora inicial de la serie, la Disney decidió apartarse definitivamente del proyecto cuando «El príncipe Caspian», el segundo capítulo, decepcionó por su rendimiento en el público, y Fox vino a hacerse cargo de «La travesía del viajero del alba» con algunos cambios importantes, incluyendo al director (Michael Apted en lugar de Andrew Adamson, pese a que éste tenía el nombre ideal para la serie: «hijo de Adán»).

Otro de los cambios más notorios es la duración: 110 minutos, cuando las dos primeras partes superaban las dos horas y media, y desde luego el hoy imprescindible 3D, que poco valor suplementario le otorga a esta aventura alegórica del cristianismo que, a diferencia de «El señor de los anillos», ya había quedado resuelta y satisfecha en su magnífica primera parte, «El león, la bruja y el ropero», de innecesaria continuación (el mismo Lewis llegó a admitir que si prolongó la historia sólo fue en función del deseo de sus muchos lectores y no del propio).

En aquella primera parte se exponía, desarrollaba y cerraba la alegoría sobre la llegada del Mesías (encarnado en el león Aslan, que se entregaba al sacrificio y resucitaba a los tres días), y la aparición de cuatro niños, los hijos de Adán, en el mundo paralelo de Narnia, poblado por criaturas provenientes de diferentes mitologías, entre ellas minotauros, dragones, centauros y el mismo Santa Claus.

Antes que una secuela, «El príncipe Caspian» parecía iniciar una nueva aventura (el dominio de los Telmarinos en Narnia), a la cual los hilos sueltos de la anterior se acoplaban de forma no siempre justificada. En ese sentido, «La travesía del viajero del alba» tiene a su favor una continuidad más coherente con su predecesora, aunque el peso de su propio argumento no evite siempre el lugar común del género fantástico: la búsqueda de la isla misteriosa, las espadas perdidas, etc. Es decir, se está lejos ya de la satisfactoria y fecunda autonomía de la primera parte.

Del cuarteto inicial de «hijos de Adán» sólo permanecen en esta primera parte Lucy (Georgie Henley, que mientras los productores no se ponían de acuerdo creció demasiado y ahora se expone a que la reemplacen por un actriz más pequeña si se ruedan las próximas partes) y Edmund (Skandar Keynes). Peter (el fundador de la iglesia) y Susan, que se supone están en los Estados Unidos, sólo se ven de manera fugaz. En cambio, se añade el primo Eustace (Will Poulter), un colegial pedante, escéptico y quisquilloso, que tiene su justo castigo: lo transforman en dragón. El «viajero del alba» es la nave en la que viaja el ahora rey Caspian (Ben Barnes), y a la que se suben los niños cuando caen una vez más en la realidad paralela de Narnia, como si en su itinerario marítimo los hubiera estado esperando.

La película, pese a lo socorrido de ciertas partes de su argumento, no deja de proporcionar diversión y placer. Hay breves pasajes de comedia, encarnados casi siempre por la valerosa rata Reepicheep, y una nueva incursión en lo alegórico a través del león Aslan: en este caso, la búsqueda de su país de origen. El público natural de este film son todos aquellos espectadores preadolescentes que disfrutaron de las dos primeras partes]; En cambio, quienes no las hayan visto deberían obtener los dvds antes de ver ésta, para evitar que algunos pasajes les resulten incomprensibles.

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