24 de septiembre 2010 - 00:00

El líder más sanguinario de la insurgencia

La caída del comandante militar de las FARC, el «Mono Jojoy», no podrá ser fácilmente asimilada por el grupo terrorista, sostienen los analistas.
La caída del comandante militar de las FARC, el «Mono Jojoy», no podrá ser fácilmente asimilada por el grupo terrorista, sostienen los analistas.
Bogotá - Desde los campos de su natal municipio de Cabrera (centro), Víctor Julio Suárez Rojas inició su carrera en las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), de la que se convirtió en jefe militar.

Los alias de «Mono Jojoy» o «Jorge Briceño» fueron los nombres con los que más se conoció al jefe guerrillero de 57 años, por cuyas órdenes y acciones militares con armas no convencionales se lo caracterizó como uno de los hombres más sanguinarios de la organización insurgente.

Algunos de sus biógrafos consideran que esta actitud fue la que permitió su veloz ascenso al interior de la guerrilla, a la que ingresó en 1975 como guerrillero raso y en forma progresiva fue ocupando los cargos de comandante de escuadra, de compañía y otros hasta llegar a pertenecer al secretariado (cúpula) de las FARC.

El jefe guerrillero fue uno de los hombres de confianza más cercanos del fallecido fundador de las FARC, alias «Manuel Marulanda Vélez», de quien fue cocinero en sus primeros años como insurgente.

Su alias de «Mono Jojoy» se lo dieron sus compañeros por la facilidad que tenía para escabullirse de las fuerzas militares, que asemejaban los movimientos de un animal selvático conocido por los insurgentes como «mojojoy».

Colombia conoció por primera vez la mirada altiva y rostro y lo corpulento de «Jojoy» en la década del 80, cuando apareció junto a «Marulanda» en los fallidos diálogos de paz que la organización realizó con el Gobierno del presidente Belisario Betancourt (1982-1986).

Su designación como comandante del Bloque Oriental le permitió a este hombre terminar de consolidarse como una de las figuras más radicales del ala militar de la organización, que según las autoridades logró vigorizar con ayuda del narcotráfico.

Las autoridades colombianas lo responsabilizan de las tomas militares más sangrientas cometidas por la guerrilla a lo largo de su historia, así como de haber implementado las denominadas «pescas milagrosas», estrategia a través de la cual las FARC ejecutaba secuestros masivos.

Asimismo, se lo señala como el cerebro de los secuestros de personalidades, políticos, policías y militares, a los que llamó «canjeables», y dentro de los que estuvieron la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt, varios legisladores y tres ciudadanos estadounidenses, que ya recobraron su libertad.

Los «canjeables» fueron una de sus cartas de negociación durante los fracasados diálogos de paz que la organización también realizó con el Gobierno del ex presidente Andrés Pastrana (1998-2002).

En su contra se han proferido más de 20 órdenes de captura, por delitos como terrorismo, homicidio, rebelión, sedición y secuestro extorsivo, entre otros.

«El símbolo del terror», como lo llama el Gobierno colombiano, fue objeto de una intensa persecución en los últimos años a través de la cual las fuerzas de seguridad colombianas pudieron descubrir que padecía una diabetes que lo provocaba con quebrantos de salud.

Durante esa persecución el año anterior las autoridades también descubrieron unas cuevas en el municipio de La Macarena, departamento del Meta (centro), en las que presuntamente estuvo refugiado durante algunos meses.

La selva en la que tantos años se resguardó fue la misma en la que el cerebro militar de las FARC encontró la muerte con un operativo militar en La Macarena.

Agencia DPA

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