Por primera vez desde mayo, y en una cantidad mayor que la esperada, la economía norteamericana creó empleos durante el mes de octubre. Esta excelente noticia no fue, sin embargo, recibida con demasiada algarabía en el mundillo financiero, lo que se reflejó en el modesto 0,08% que avanzó el Promedio Industrial el viernes, que cerró en 11.444,08 puntos. Pero esto de ninguna manera opacó que se trató del cierre más alto desde el 8 de septiembre de 2008 (pre Lehman Bros.); que el Dow trepó un 2,93% en la semana (el S&P500 avanzo un 3,6%); que los volúmenes negociados se han incrementado en las últimas ruedas más del 20%; que el precio del oro subió un 2,96%, el del cobre un 5,68% y el del petróleo un 6,66% (el dólar apenas retrocedió un 0,56% frente a las principales monedas, lo que sugiere que no fueron subas por arbitraje), la tasa a 10 años retrocedió 7 puntos básicos, al 2,54% anual (atención que a 30 años trepó 15 puntos básicos), etc. Decir que el mercado financiero está eufórico es una exageración, pero seguramente se encuentra cerca de estarlo. El viernes la gente del Citigroup -en esta línea están también Goldman Sachs, los fondos Templeton, Barton Biggs, etc.- aventuró que las acciones en los mercados emergentes, merced al último regalo de la Reserva Federal al mercado (dicho sea de paso, es bueno recordar que el organismo cumplió el viernes 100 años), habrán de volar un 30% en 2011 y no frenarían su carrera alcista hasta que posiblemente en 2012 la Fed se vea forzada a ajustar su política monetaria. No es que no haya problemas en el horizonte (el jueves, en la reunión del G-20, veremos qué pasa entre Alemania y los EE.UU.), pero mientras la Fed garantice que seguirá sobrando dinero en la economía, los inversores piensan que será posible financiar la salida de cualquier escollo que aparezca en el camino (en lo personal, preferimos ser escépticos). Por esto poco importa si la economía real entra en la senda del crecimiento o no (algunos piensan -por las incertidumbres- que sería mejor que no). No por nada y a pesar de lo que dicen de la boca para afuera los demócratas, en la última elección Wall Street volvió a darles casi el doble de dinero que a los republicanos.
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