Para ser sinceros, no fue casi nada. Pero de todas formas el 0,06% que ganó el Dow al cerrar en 12.239,89 puntos le permitió marcar una octava rueda consecutiva en suba (el NASDAQ y el S&P 500, perdiendo un 0,29% y un 0,28% respectivamente no tuvieron esa suerte). Si miramos el 0,09% que bajó el precio del petróleo (cerró en u$s 86,86 por barril), el 0,02% que ganó el del oro (en u$s 1.363,7 por onza) y el 0,51% que se desvalorizó el dólar frente a las principales monedas, podríamos decir que -salvo por el retroceso de la tasa de interés al 3,642% anual la jornada fue similar a la del martes, pero en chiquito (chiquito porque si bien el volumen negociado en el NYSE subió un 7% a 947 millones de acciones, ya van seis ruedas en que está debajo de 1.000 millones de papeles). En el frente de los balances las cosas fueron mejores que el martes, con Coca-Cola como Disney presentando números mejores a los previstos. Del lado Macro el presidente de la Fed, Ben Bernanke, insistió una vez más con su cantinela sobre el fortalecimiento de la economía pero que aún faltan bastante para que la situación laboral retorne a la normalidad, lo que significa que el dinero fácil seguirá vigente por un tiempo más. La pregunta a hacerse es entonces: ¿por qué si todo anduvo tan bien, el mercado accionario jugó al achique? Lo más comentado de la jornada fue el rumor que en apenas días el NYSE-Euronext y la Deutsche Borse anunciarían su fusión. En esto el nuevo marco regulatorio internacional para los derivados tiene mucho que ver, pero también el anuncio pocas horas atrás de la fusión entre la Bolsa de Londres y la de Toronto, que se emparienta con la de Australia y Singapur y la de las principales Bolsas andinas.
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