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El Mercosur sin Venezuela, un “éxito” de consumo interno pero un fracaso diplomático
• EL BLOQUE SE QUEDA SIN HERRAMIENTAS CUANDO EL RÉGIMEN PREPARA LA OFENSIVA FINAL
Maduro dejó al bloque sin opciones: instarlo a dialogar se hizo inútil y aislarlo resulta funcional a su proyecto radical.
Así las cosas, jugada la carta más fuerte posible, nada queda por hacer más que mirar el partido desde la tribuna. La conciencia queda en calma, pero eso no genera necesariamente efectos políticos virtuosos.
Lo anterior, sin embargo, no necesariamente implica un cuestionamiento. Tampoco era una opción seguir reiterando vacías exhortaciones al diálogo a un régimen que desde hace tiempo se niega a entablarlo.
En realidad, los socios de Venezuela no tenían mucha forma de incidir, lo que lleva a otros cuestionamientos, en este caso sobre la calidad de la institucionalidad del bloque y la de sus Estados miembros. A sus debilidades congénitas, en suma.
El Protocolo de Ushuaia sobre Compromiso Democrático nació en 1998 tras el asesinato del vicepresidente de Paraguay, Luis María Argaña. Fue aplicado por primera vez a ese país hace cinco años. Ahora le toca a Venezuela. Y convengamos en que si no se lo activó durante la destitución de Dilma Rousseff hace casi un año fue porque eso habría equivalido a un suicidio: ¿qué habría quedado del Mercosur sin Brasil? Tantas crisis ponen en cuestión más que nunca la solidez de la democracia en la región.
El chavismo 2.0 de Nicolás Maduro plantea un desafío a la imaginación. "El Presidente y muchos miembros del Gabinete tenían una visión muy, muy dura, y mi visión era que había que encontrar formas de tender puentes para ayudar a la salida del quebradero en el que está Venezuela", dijo Susana Malcorra poco después de su salida de la Cancillería. Ella misma admitió que, en esa diferencia, Mauricio Macri había tenido razón y que la equivocada era ella. "El tiempo ha probado que mi confianza en que se encontrara una solución fue demasiado optimista", completó. Jorge Faurie vino, entre otras cosas, a imponer la postura del mandatario.
El problema es que la "cláusula democrática" se le aplica a un régimen que no ve en su vulneración una anomalía contingente. El atropello es parte esencial de su proyecto, revolucionario antes que democrático. Al chavismo, el aislamiento le resulta funcional porque le suelta las manos.
Si al apartar a Venezuela el Mercosur fracasó, solo puede hablarse entonces de éxito en clave política y, sobre todo, de escala nacional y para el consumo estrictamente interno y preelectoral. Un modo más de polarizar artificialmente, apenas un nuevo relato que confunde un tren revolucionario lanzado a 200 kilómetros por hora con los rasgos fallidos de pasados proyectos populistas.
Venezuela nunca quedó ni siquiera cerca.


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