14 de julio 2009 - 00:00

“El Mesías” de Haendel en una suntuosa interpretación

Compuesto en 24 días por Haendel, el oratorio «El Mesías» es uno de los más populares de la música barroca y no sólo por «Aleluya!».
Compuesto en 24 días por Haendel, el oratorio «El Mesías» es uno de los más populares de la música barroca y no sólo por «Aleluya!».
«El Mesías», HWV 56. Oratorio para solistas, coro y orquesta. Mús.: G. F. Haendel. Camerata Bariloche. Orfeón de Buenos Aires. Dir. M. Videla. (Auditorio de Belgrano).

Con la obra Georg Friedrich Haendel, «El Mesías» continuó la temporada de Festivales Musicales de Buenos Aires, este año dedicada a «4 Aniversarios» (Purcell, Haendel, Haydn y Mendelssohn). Compuesto en veinticuatro días de 1741, «El Mesías» relata la existencia de Dios en un gran fresco sonoro y épico según textos de La Biblia, adaptados por Charles Jennens. Haendel estructuró su oratorio en tres partes que suman 38 números.

A lo largo de este formato típico del período barroco se yuxtaponen grandes escenas corales (la más conocida es la que cierra la segunda parte de la obra, «Aleluya!») , recitativos y arias además de una obertura y una sinfonía pastoral que ocupa el número 13 de la primera parte. El maestro Mario Videla dirigió con convicción los materiales y redondeó una versión que se alejó de modas historicistas y se refugió en la tradición.

La atmósfera general fue de contundencia sonora, de auténtica expresividad y dramatismo, siempre inmerso en claros rasgos estilísticos. La Camerata Bariloche resultó el notable componente instrumental y el Orfeón de Buenos Aires, con la dirección asociada de Néstor Andrenacci y Pablo Piccini, contribuyó en la plasmación de los grandes frescos sonoros confiados al coro, motor de la obra. Si la confluencia de voces e instrumentos tuvo el signo de la comprensión mutua, el grupo de cantantes solista no le fue en zaga. Lo mejor estuvo en la amplia musicalidad y la belleza del timbre del tenor Carlos Ullán y en la potencia y rigor de la voz baritonal de Víctor Torres. La soprano Silvina Sadoly resolvió bien sus partes y al contratenor Martín Oro se lo observó algo incómodo vocalmente en un papel que siempre suena mejor con una contralto o con una mezzosoprano.

Hubo bises luego de los insistentes aplausos del público. Una instancia algo desprolija al principio ya que Videla pidió paciencia a los espectadores por repetir dos fragmentos a cargo de Víctor Torres que, según su opinión, no habían salido muy bien (se estaba grabando el concierto) y luego si, nuevamente en todo su esplendor se escuchó por segunda vez en la noche el archiconocido «Aleluya!».

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