19 de octubre 2012 - 00:00

“El mundo del folklore tiene muchos prejuicios”

Hermanos Saavedra: «La incomodidad del folklore frente a los cambios se ha dado más en la danza que en la música».
Hermanos Saavedra: «La incomodidad del folklore frente a los cambios se ha dado más en la danza que en la música».
Los hermanos Jorge Juan «Koki» Saavedra y Carlos Orlando «Pajarín» Saavedra nacieron en Santiago del Estero, herederos de una familia de bailarines iniciada por su padre Carlos y su tío Juan, con quien se radicaron en París en la década del 70. Se convirtieron en fuertes renovadores de la danza folklórica de escenario con su grupo «Los Indianos», y recorrieron el mundo presentándose con sus distintos espectáculos. En los 90, volvieron a la Argentina y se instalaron en Buenos Aires. Desde entonces, se dedican a la docencia y a trabajar con su compañía «Nuevo Arte Nativo». Con ésta ofrecerán dos funciones de su «Flechas de la tribu» en el teatro SHA, mañana y el sábado 27 de octubre. Dialogamos con ellos.

Periodista: ¿De qué se trata «Flechas de la tribu»?

Koki Saavedra: Como en todos nuestros espectáculos, bailamos, cantamos, tocamos instrumentos; tanto nosotros dos como muchos de los otros integrantes de la compañía. Lo diferente aquí, como siempre, es que nos planteamos nuevos desafíos. Y en este caso el centro está puesto en un número muy extenso que se llama «Verso al cuerpo», que partió de una idea de Pajarín, en el que vamos pasando con zapateo por diferentes géneros, como la chaya, la vidala y, por supuesto, el malambo.

Pajarín Saavedra: Y también vale la pena contar que hay una obertura que podríamos considerar atrevida, con música de Miles Davis sobre la que bailamos con figuras del folklore argentino.

P.: En el tango, muchas veces las figuras de escenario terminan metiéndose tanto en el baile no profesional que cuesta distinguir una cosa de la otra. ¿También ocurre eso en el folklore?

K.S.: Puede estar esa tendencia. Recuerdo una vez que mi vieja, Dominga, le dijo a alguien que estaba en esa onda «no bailes como en el escenario; disfrutá que estás bailando para vos». Pese a esto que digo, yo veo que en el folklore la frescura y la sencillez de lo popular tienen muchísima vigencia. Por las propias reglas del espectáculo, en el escenario se transgrede. Son leyes diferentes las que sirven para una cosa o para la otra.

P.S.: A favor del folklore, quizá tenga que ver con que tuvo un auge fuerte en los setenta y después quedó con menos repercusión internacional. El tango explotó con aquel espectáculo de Segovia y Orezzoli, tuvo su renacimiento a nivel mundial y cambió todo. A lo mejor, también influye que la danza folklórica escénica es siempre grupal, a diferencia del tango que es más limitado de una pareja.

P.: Ustedes se han caracterizado por una nueva forma de bailar sobre el escenario, distinta de aquella que plasmara el legendario Santiago Ayala «El Chúcaro». ¿Reciben cuestionamientos por eso?

K.P.: Junto con su riqueza histórica, el mundo del folklore tiene muchos prejuicios. Y curiosamente, esa incomodidad frente a los cambios se ha dado más en la danza que en la música, que se ha permitido muchísimas renovaciones tímbricas sin que nadie se molestara. Todavía vemos estudiantes jóvenes de danza, como nos pasó hace poco en una charla que fuimos a dar al IUNA, muy atados a la tradición, aún en su manera de vestirse.

P.S.: Pensemos que la influencia del Chúcaro en este ámbito ha sido muy fuerte. Desde su manera de hacer los espectáculos determinó un estilo que, siendo novedoso en su momento, se hizo luego tradicional. Me acuerdo hace un tiempo, para el espectáculo «Ecos de mi tierra», que trabajamos una coreografía de chamamé con Raúl Barboza. Y fue él que nos marcó que esa música no era solamente festiva como se había popularizado, que había una manera más introspectiva de hacerla y, por consiguiente, de bailarla.

K.P.: Una vez, hablando de un bailarín, mi viejo dijo «ese viene de la Salamanca», como dando a entender que tenía una referencia en la tierra. De algún modo, esa mirada sigue estando. Aun sin darnos cuenta, ese prejuicio también lo tenemos un poco todos, aunque cuando nosotros pensamos en alguien para sumarse a nuestra compañía, sea que salga de nuestra escuela o de una audición, nos importa mucho que sea histriónico, que se muestre con convencimiento, que sienta para poder transmitir.

P.: ¿Cuánto de cabeza y cuánto de sentimiento tiene un espectáculo como el de ustedes?

K.S.: A la hora de resolver las coreografías, de pensarlo, nos sentamos con Pajarín y hay mucho de cabeza. Pero después, todo tiene salir sin pensar. Es el único modo en que también le pase algo al público.

P.: Siempre tocan y cantan en sus espectáculos. ¿Nunca pensaron en mostrarse decididamente como músicos?

P.S.: Sí, y estamos terminando un disco con temas nuestros, alguno de los cuales ya está en «Flechas...», que seguramente, una vez publicado tendrá su presentación.

Entrevista de Ricardo Salton

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