7 de enero 2014 - 00:00

El país se asoma al abismo de la guerra religiosa permanente

Bagdad - La intensificación de la revuelta en una provincia sunita de Irak, desencadenada después de que el Gobierno liderado por chiitas levantara un campamento de protesta instalado un año atrás, pone al país en un cruce de caminos entre la reconciliación y una guerra civil.

El primer ministro iraquí, Nuri al Maliki, debe decidir en los próximos días si ofrece una participación real en el poder a la desencantada minoría sunita o si continúa con la política de marginación y represión.

"Los próximos días determinarán el destino de Irak", consideró Ihsan al Shamari, catedrático de Ciencias Sociales en la Universidad de Bagdad.

"El país se encuentra en un cruce de caminos: reconciliación como un Estado democrático o explosión en un caos total y en la guerra civil, que conduciría a una división del país", añadió.

Habrá "un Irak democrático en el que todo el mundo es igual o nos dirigiremos al abismo", agregó.

El descontento entre los sunitas aumentó en los últimos años. Esta minoría se siente excluida de las esferas del poder y un objetivo de las fuerzas de seguridad. Pero la decisión de Al Maliki de desalojar el 30 de diciembre un campamento de manifestantes que protestaba desde hacía un año en las afueras de Ramadi, capital de la provincia de Al Anbar, desencadenó un estallido de violencia en las principales ciudades del distrito.

Avance

Los militantes del Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIL, según su sigla en inglés) aprovecharon la situación para tomar el control de la ciudad de Faluya (60 km al oeste de Bagdad), así como de sectores de Ramadi.

"Las células más activas e importantes de Al Qaeda están ahora cerca de Bagdad, y esto se debe a un mal cálculo del Gobierno, que está arrastrando a Irak hacia lo desconocido", dijo Isam al Faili, catedrático de Ciencia Política en la Universidad Mustansiriya de Bagdad.

Debido a las "continuas crisis políticas", el Gobierno no fue capaz de ver "el tsunami que llegaba, el tsunami del ISIL", dijo Faili.

Las autoridades iraquíes culparon en gran parte de la reciente violencia en Al Anbar al ISIL, aunque en los enfrentamientos también se vieron implicados miembros de las tribus locales.

Ebullición

Los seguidores de Al Qaeda en Irak perdieron influencia en los años posteriores a la invasión liderada por Estados Unidos en 2003 y sufrieron importantes derrotas.

Pero su última encarnación, el ISIL, protagonizó un espectacular retorno, apuntalado por zonas encontradas en la vecina Siria, donde se ha convertido en un importante actor en el conflicto que vive el país.

"El ISIL consiguió beneficiarse de sus redes y capacidades en Irak para tener una presencia fuerte en Siria, y empleó su presencia en Siria para reforzar sus posiciones en Irak", explicó Daniel Byman, del Centro Saban para Política de Medio Oriente de la Brookings Institution.

Irak salió en 2008 de varios años de brutales enfrentamientos interconfesionales, principalmente porque el Gobierno y los militares estadounidenses, aún sobre el terreno, involucraron a las tribus sunitas que se pusieron en contra de los activistas de Al Qaeda. Los analistas creen que el Gobierno de Al Maliki tiene que hacer algo similar ahora para alejar a Irak del precipicio.

La minoría sunita dominó el país desde su creación, tras la Primera Guerra Mundial, hasta la invasión de 2003, y su sentimiento de desposesión fue uno de los principales factores de la insurrección que surgió tras la invasión. También alimentó el descontento que hizo aumentar la violencia el año pasado hasta niveles que no se veían desde 2008.

La decisión de levantar el campamento de protesta tampoco cayó bien entre los sunitas que participan en el Gobierno, y 44 diputados presentaron su dimisión ese mismo día.

Es necesario que "las autoridades se centren en los partidos árabes sunitas y que los atraigan al Gobierno", dijo Shamari. "Los árabes sunitas son quienes determinarán el destino de Irak", añadió.

Agencia AFP

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