15 de abril 2011 - 00:00

El PC de Cuba inicia un histórico congreso para avalar el giro económico

Raúl Castro, en el poder desde 2006 por la enfermedad de Fidel, impulsa un plan de apertura económica gradual en el que, afirma, se juega la supervivencia del régimen comunista cubano.
Raúl Castro, en el poder desde 2006 por la enfermedad de Fidel, impulsa un plan de apertura económica gradual en el que, afirma, se juega la supervivencia del régimen comunista cubano.
La Habana - El crucial VI Congreso del gobernante Partido Comunista Cubano determinará el alcance de las reformas emprendidas por el presidente cubano Raúl Castro para evitar el colapso económico de la isla pero, según pretende, sin renunciar al socialismo.

Los comunistas cubanos celebrarán entre mañana, sábado, y el martes próximo su primer cónclave desde 1997, que estará cargado de «simbolismo revolucionario» al coincidir con el 50° aniversario de la victoria sobre la invasión anticastrista de Playa Girón (Bahía de Cochinos, 1961) y la proclamación del carácter socialista de la revolución.

Mil delegados participarán en el VI Congreso del Partido Comunista Cubano, que comenzará tras un desfile militar que se prevé multitudinario.

La «actualización del modelo socialista», como la retórica del régimen denomina al plan de reformas de Castro, será el tema central de un Congreso que tiene la «obligación» de dejar «trazado» el rumbo del país, según su presidente.

Ante la aguda depresión que Cuba arrastra desde la caída del campo soviético, agravada en los últimos años por el impacto de varios huracanes, la crisis financiera internacional y el embargo comercial de EE.UU, Raúl Castro hizo de la «batalla económica» el eje central de su gestión con constantes llamados a la eficiencia, el ahorro y a corregir errores en la construcción del socialismo.

«O rectificamos o ya se acaba el tiempo de seguir bordeando el precipicio, nos hundimos, y hundiremos el esfuerzo de generaciones enteras»: así de tajante fue Castro en diciembre último para insistir en la necesidad de un nuevo rumbo económico y salvar las conquistas de la revolución.

Su receta para evitar ese hundimiento es un plan que, sin renunciar al socialismo, abre resquicios a la iniciativa privada y a los pequeños negocios, plantea reducir los abultados planteles de empleados estatales, descentraliza la gestión de las empresas públicas y recorta gastos sociales para suprimir «subsidios innecesarios y gratuidades indebidas», entre otros.

Esas medidas fueron recogidas en el «Proyecto de lineamientos de la Política Económica y Social», el documento base del Congreso comunista que se sometió al debate en miles de asambleas populares en todo el país para recoger sugerencias sociales.

Independientemente de cuál sea el documento final que apruebe el Congreso del PCC, algunas de las medidas más importantes llevan ya meses de aplicación, como el caso de la ampliación del trabajo privado («cuentapropismo», en argot cubano) y la novedad de que, en un grupo limitado de actividades, los particulares puedan contratar mano de obra.

Hasta finales de marzo, el Gobierno ya había concedido 180.000 nuevas licencias para ejercer el trabajo autónomo, que se suman a los 157.000 cuentapropistas ya existentes antes de entrar en vigor la ampliación, según datos oficiales.

La extensión de trabajo privado se hizo notar y transformó incluso el paisaje de ciudades como La Habana, donde proliferaron micronegocios y comercios variopintos instalados en la calle, en zaguanes de edificios y en viviendas particulares.

La actividad más demandada fue la de los establecimientos gastronómicos, desde pequeñas cafeterías, puntos de venta de comida rápida hasta nuevos «paladares» (restaurantes privados) que pueden tener hasta 20 sillas para comensales en lugar de las 12 permitidas anteriormente.

Pero también hubo experiencias frustradas: unos 40.000 beneficiaros de licencias de trabajo por cuenta propia se dieron de baja en los últimos meses, en muchos casos ante la imposibilidad de afrontar los nuevos y elevados impuestos decretados para el incipiente sector privado, entre otras dificultades destinadas a limitar las ganancias privadas e impedir en surgimiento de una «burguesía» local.

El empleo privado en Cuba se planteó como una alternativa a otro de los ajustes de gran magnitud: el recorte de los planteles estatales, con la previsión de 500.000 despidos sólo este año, un 10% de la población ocupada.

Sin embargo, ese proceso sufrió retrasos, según admitió el propio Raúl Castro, quien instó a su Gobierno a revisar el cronograma de los despidos.

Muchos analistas interpretan que el régimen desaceleró esta medida porque el sector privado aún es muy limitado y no puede absorber a buena parte de los desempleados estatales. Otros añaden que no quiere avivar el descontento social con despidos masivos sin alternativa laboral junto a medidas tan poco populares como los nuevos impuestos, la eliminación de subsidios o la suba de los precios de la nafta, la luz o el aceite que se produjo en las últimas semanas.

Las reformas económicas no dejan indiferente a nadie y como es habitual en todo lo que concierne a Cuba las opiniones son de todo tipo: hay quienes creen que se inició un camino correcto, otros ven los ajustes muy limitados y tardíos y los más críticos dicen que en Cuba no caben «actualizaciones» sino transformaciones de fondo.

Agencias EFE, Reuters y DPA, y Ámbito Financiero

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