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El poder destruyó la imagen romántica del sandinismo
Managua - El Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) es hoy una fuerza política muy distinta a la que sorprendió al mundo en 1979, cuando derrocó con las armas a una de las dictaduras más feroces de América Latina.
Surgido en los años 60 como una fuerza de jóvenes y valientes guerrilleros, «el Frente», como todavía lo llama la gente, tomó el poder en 1979 y lo perdió en 1990, cuando su líder Daniel Ortega cayó en las urnas frente a Violeta Chamorro tras una década de revolución, guerra y escasez.
Ortega pasó 17 años en la oposición y en 2006 ganó las elecciones con una oferta de «trabajo y paz», un extraño discurso religioso y el apoyo de su aliado venezolano Hugo Chávez, que en los últimos cinco años le facilitó millones de dólares en petróleo y derivados.
Aunque pocos conocen la verdad sobre la ayuda que Chávez le da a Ortega, datos del Banco Central de Nicaragua reportan ingresos promedio de al menos 457 millones de dólares anuales, que allegados al presidente manejan y multiplican a través de empresas mixtas privadas, de cuyas operaciones no rinde cuentas al Parlamento.
«Se equivocan quienes creen que Daniel Ortega es un político inepto. Es una persona muy hábil, calculadora, y tiene una ambición de poder sin límites», comentó un diplomático europeo que pidió el anonimato.
Para recuperar el Gobierno siendo opositor, Ortega selló en 1998 un pacto con el entonces presidente liberal Arnoldo Alemán, que los llevó a repartirse los cargos directivos en el Poder Judicial y el tribunal electoral, entre otras importantes instancias de Estado.
Resultado de ese pacto fue la reforma a la Ley Electoral que fijó en un 35% el mínimo de votos requeridos para ganar la elección presidencial, lo que le permitió al principal líder del FSLN retornar al Gobierno con sólo un 38% de apoyo del electorado.
En su libro «La revolución inconclusa», el estadounidense Kenneth E. Morris asegura que Ortega sufrió una profunda metamorfosis, «del humilde estudiante izquierdista al magnate poderoso, ansioso de fama y riqueza».
Tras su regreso al poder, y aun antes, el FSLN sucumbió al cambio de piel de Ortega, que se proclamaba marxista y ahora es devoto de la virgen María y Jesucristo, a los que su esposa Rosario Murillo evoca en viñetas de radio mientras pide el voto en las urnas «con el favor de Dios y de nuestro pueblo».
Parte de la aparente «conversión» del matrimonio Ortega-Murillo es su alianza con el cardenal Miguel Obando, otrora acérrimo antisandinista y hoy figura infaltable en los actos de campaña de la pareja, a quienes casó por iglesia en 2005.
Según el exvicecanciller sandinista Víctor Hugo Tinoco, Ortega deposita tanto poder en Murillo porque «cada día confía menos en sus compañeros de partido y sus colaboradores. La desconfianza hacia todos los demás los ha hecho formar una dupla de hierro».
Murillo es la mujer más poderosa del país. Y sus deseos siempre se cumplen, como mandar a pintar de colores monumentos y edificios públicos, o decidir que inmensos árboles de Navidad hayan permanecido desde hace más de un año en las nueve rotondas de Managua, porque a ella le gustan, o porque favorece el negocio de la venta de energía eléctrica a la Municipalidad.
«El FSLN fue eclipsado por la pareja presidencial», opinó un corresponsal extranjero en Managua. Las intrigas y pugnas intestinas alcanzaron hace poco, según trascendió en la prensa, al coronel Lenín Cerna, el temido jefe de la Seguridad del Estado en los años 80 y que habría «caído en desgracia» por desafiar a la primera dama.
La bandera rojinegra del FSLN no ha sido borrada de las marchas sandinistas. Pero los colores brillantes que tanto agradan a «la compañera Rosario» son visibles en los emblemas oficiales y en las remeras (playeras) con la consigna «Yo amo a Daniel» que el Gobierno distribuye entre su ejército de empleados públicos.
Favoritos
Ortega y el FSLN llegaron como favoritos a las elecciones de ayer frente a una oposición que, nuevamente, acude dividida a las urnas.
Y la principal alianza opositora PLI-UNE que es apoyada por conocidos intelectuales como Sergio Ramírez, Ernesto Cardenal y Gioconda Belli, que formaron parte del viejo FSLN y de la revolución de los 80.
También están allí los comandantes Henry Ruiz, Luis Carrión, Dora María Téllez, el mexicano Víctor Tirado López y muchos otros que abandonaron el Frente por disentir del liderazgo de Ortega.
Para Téllez, que a los 24 años asaltó el Palacio Nacional (Congreso somocista) como una de las jefas de un comando armado, el partido sandinista ha sido transformado por Ortega y su esposa en una corporación familiar.
«Éste no es un Gobierno de izquierda, sino un Gobierno populista de derecha, cuyo principal aliado ha sido el gran capital», aseguró al señalar que el Gobierno «cristiano, socialista y solidario» -como lo llama la pareja presidencial- ha mantenido las políticas económicas heredadas de las administraciones neoliberales.
«Su política ha favorecido al gran capital nicaragüense, a la concentración de capital en pocas manos, a la corrupción, mientras los pobres siguen siendo pobres», sentenció Téllez.
Agencia DPA


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