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El Riachuelo según Fernández Bravo
En «Riachuelo», Juan Pablo Fernández Bravo parte de la fotografía para la formación de su dibujo y posterior enfoque pictórico, y las imágenes se van develando ante la mirada del contemplador.
Tampoco con los Artistas del Pueblo ni con los intimistas como Lacámera, Daneri, o Cúnsolo, por sólo nombrar a los grandes artistas que convirtieron al Riachuelo y sus orillass en protagonista de muchas de sus obras.
Vale esta introducción para señalar que el abordaje de este tema no concluyó en esos nombres emblemáticos de nuestra pintura. Sería interesante hacer una investigación con mirada más contemporánea sobre todos aquellos que han intentado o intentan dar una cosmovisión de esta zona que nos identifica. Hace poco vimos en el Centro Cultural Recoleta la obra, muy contundente y sin concesiones, de Paralelo 58, grupo formado en 2006 por Fabián Attila, Alejandro Argüelles y Juan Pablo Fernández Bravo, que desarrolla un proyecto de investigación vinculado al paisaje que recorre la cuenca Matanza-Riachuelo.
Tres miradas distintas sobre esa geografía en absoluto idílica, más bien pestilente, causada por la complicidad del poder y aquellos que desprecian la vida humana asentada en sus orillas. Actualmente, Fernández Bravo (Buenos Aires, 1965) , artista distinguido con importantes premios, exhibe individualmente en Galería Palatina (Arroyo 821, hasta fines de agosto).
En «Riachuelo» parte de la fotografía como primer paso para la concreción de su dibujo y posterior enfoque pictórico. Es inevitable asociarlo con la caligrafía oriental, se ve el movimiento rápido, seguro, expresivo. Allí donde el pincel y la tinta se mezclan, nacen formas nebulosas pero el artista consigue dominar el caos y las imágenes se van develando ante nuestra mirada: barcos anclados, abandonados, sogas, mástiles, en clave dramática.
Una línea fuerza domina todo el soporte, una línea enérgica, sólida y como señalan los orientales «la línea tiene espíritu» para darnos una visión de aquello que alguna vez fue trabajo digno. Fernández Bravo realizó un viaje por el Riachuelo y un más allá, donde, como dice Daniel Santoro, «se sumerge en el río infinito».
En otras técnicas mixtas con resinas sobre madera aparece el color y el brillo en fragmentos de barcos y orillas, ya no tan ominosos. Su suavidad al tacto contrasta con la opacidad y negrura, las imágenes, más definidas, más suaves, nos dicen que aquí hay vida .


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