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El rock del legendario Plant conserva potencia y frescura
El público que colmó por dos noches el Luna Park disfrutó de un Robert Plant capaz de recrear aun los temas más emblemáticos de la época de Led Zeppelin y también los más recientes de sus tiempos solistas.
Hay un dato que pinta muy bien a Robert Plant. Hace un lustro, se produjo una reunión histórica de Led Zeppelin para tocar en Londres en homenaje a su descubridor Ahmet Ertegun. Fueron de la partida Plant, el guitarrista Jimmy Page, el bajista John Paul Jones y el hijo del baterista original John Bonham, Jason. Como era esperable, después de eso, llovieron las ofertas millonarias para arrancar con una gira, hacer nuevo disco, etc., pero Plant dijo que no y prefirió seguir adelante con su proyecto solista.
Esa frescura lo coloca en un lugar trascendente, porque pese al puesto de liderazgo que ocupa en el mundo de la música y a cierta aureola mítica que tiene su figura sexagenaria, mantiene vivo el espíritu rocanrrolero de divertirse y mirar para adelante. Por esto también, sus últimos grupos, en una década de los años 2000 que le fue artísticamente muy productiva, recorrió sonidos africanos y árabes, sumó instrumentos no europeos, y se atrevió -como ahora en el Luna Park- a recrear su pasado brindando nuevas versiones de canciones antiguas.
Es la tercera vez que este cantante viene a la Argentina; y los dos estadios llenos dan cuenta de la fidelidad que mantiene el público local con él. Como contrapartida, apenas un zonzo que en la noche del jueves se abalanzó sobre el músico después del segundo bis y obligó a un cierre algo abrupto, puso un toque de incomodidad a la empatía que Plant también parece tener con sus fans de por aquí.
Yendo a la música, lo que hizo en estos recitales porteños fue una mezcla de unos cuantos clásicos de Led Zeppelin con temas más recientes de sus tiempos solistas. Igualmente, cuando tomó canciones emblemáticas como «Friends», «Black Dog» (de las más festejadas), «Bron-Y-Aur-Stomp», «Tour Sticks», «Rambla On», «Whole Lotta Liote», «Going to California» o «Rock and Roll», les buscó nuevos sonidos, las viró hacia lo acústico, les modificó los «tempi», les encontró un nuevo significado. De lo más nuevo, sonaron entre otras «Tim Pam Valley» y «Another Tribe», en un maravilloso arranque; y se atrevió con un «cover» del blues clásico «Spoofull» de Howlin Wolf que, curiosamente, también había sido «versionado» por Jack Bruce en su concierto de hace pocos días en Buenos Aires.
Para destacar: la voz de Plant que no ha tenido ningún problema con el paso del tiempo, el entusiasmo de un músico que se sigue mostrando feliz con lo que hace y capaz de recrear sobre lo mucho ya hecho, el papel sobresaliente de su guitarrista Lyam Tyson y la originalidad que significa la presencia de Juldeh Camara, de Gambia, que toca ritti y kologo (un violín de una sola cuerda y una especie de banjo), dos instrumentos africanos muy extraños para nuestros oídos y nuestros ojos.

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