2 de junio 2014 - 00:00

El show de Rada fue, como siempre, una fiesta colectiva

“¡Tocá, che Negro Rada!” fue la buena excusa elegida por el músico uruguayo para reencontrarse con el público argentino en un colmado Teatro Ópera, donde, curiosamente, nunca había tocado.
“¡Tocá, che Negro Rada!” fue la buena excusa elegida por el músico uruguayo para reencontrarse con el público argentino en un colmado Teatro Ópera, donde, curiosamente, nunca había tocado.
"¡Tocá, che Negro Rada!". Ruben Rada (voz, congas). Con A. Arnicho (teclados, dir. musical, coros), N, Cedrez (batería), G. Alonso (bajo), M. Rada (guitarra, coros), F. Navarro (guitarra, coros), L. Rada Vivanco, L. González (coros), F. Núñez (tambor piano), J.L. Martínez (tambor chico) y N. Núñez (tambor repique). (Teatro Ópera; 31 de mayo).

La verdad del chiste quedó expuesta en el arranque del concierto por el propio Ruben Rada: "teníamos que inventar algo para presentar este show y se nos ocurrió lo de los 30 años". El uruguayo daba cuenta así de un recital programado para el teatro Ópera y para el que se habló en la previa, precisamente, de las tres décadas que el cantautor montevideano lleva viniendo a nuestro país como solista, en una carrera que lleva unos cuantos años más; eso más allá de que, en realidad, empezó a venir hace más tiempo. Socio fundador de subgéneros uruguayos como el candombe beat, artista respetado por colegas y críticos, integrante de grupos fundamentales de la música rioplatense con proyección internacional como El Kinto, Opa o La Banda, conocedor del sentimiento popular que le permite pasar de lo más sofisticado a lo más sencillo y directo, aunque a veces se cuestione algo de lo que hizo- y autor de grandes títulos, Rada no necesita justificar nada para actuar en Buenos Aires. Aquí se le han abierto las puertas ampliamente hace muchos años, ha pasado y pasa mucho tiempo de su vida y hasta tiene tres hijos que nacieron de este lado del río.

Así que "¡Tocá, che Negro Rada!" no era sino una buena manera de reencontrarse con el público porteño en una sala en la que, curiosamente, jamás había actuado. En esa línea, el repertorio se armó con temas de todo su recorrido, incluidos algunos que hacía rato no aparecían en sus listas. Y en una gama muy extensa de estilos y géneros, estuvieron desde "Malísimo" hasta el "Candombe para Gardel" (dos de sus mejores momentos creativos), pasando por "Ayer te vi", "Candombe para Bob Marley", "Robin Hood", "Adios a la rama", "Rock de la calle", "Me pa", "El levante" o "The music in my love", entre muchos más.

El grupo acompañante fue un combinado de quinteto pop más una cuerda percusiva de candombe y un dúo de coristas femeninas, además de sus propias congas, por supuesto. En ese contexto, hubo espacio para el lucimiento algo pirotécnico de dos guitarras con solos rockeros y un tecladista/director/arreglador también con varios momentos personales.

Cada vez que toca y canta, sea desde sí mismo o desde los diversos personajes que ha contruido a lo largo de su vida, Rada genera una fuerte empatía con la gente y convierte sus conciertos en fiestas de participación colectiva. Lo del Ópera no fue la excepción; y no hubo quien lo pasara mal en una sala que estuvo colmada.

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