8 de febrero 2010 - 00:00

El sistema eléctrico, al borde del colapso

Caracas (enviada especial) - Un golpe eléctrico -y no uno militar- es la amenaza que desvela hoy a Hugo Chávez. Muy simple: por falta de inversión y peor previsión, el parque energético de Venezuela saca chispas y puede colapsar de un momento a otro.

El Gobierno argumenta que el déficit en la oferta eléctrica actual se origina en la sequía producida por el fenómeno de El Niño, que bajó las cotas de las represas a un mínimo peligrosísimo. Para explicar la otra cara de la ecuación, la del aumento en la demanda, el chavismo también patea la pelota afuera: hubo más consumo debido a un peligroso aburguesamiento de la población. El socialismo del siglo XXI da para todo, hasta para enmendarle la plana a Thomas A. Edison.

Ideologías aparte, durante la década chavista el consumo energético se incrementó un 54%. Más del doble que la respuesta del Gobierno en esos diez años, que sólo elevó la oferta en un 21%. Además de escaso mantenimiento de las líneas de transmisión, y del retraso en la construcción de nuevas plantas térmicas (ese sector está el 32% por debajo de su capacidad), las estatizaciones y politización del sector se encargaron de traer más cortocircuitos.

Un ejemplo. En 2006 (año en que la demanda igualó la oferta), Edelca (Electrificación del Caroní, el holding hidroeléctrico estatal que en épocas normales genera el 71,5% de la energía del país) buscó concientizar a la población, mediante una campaña pública, sobre un plan de inversión para más plantas térmicas. (De acuerdo con Edelca, las plantas hidroeléctricas tienen una capacidad instalada de 14.600 megavatios, mientras que las térmicas apenas llegan a 7.900). La repuesta del Gobierno consistió en arrebatarle el proyecto a Edelca y pasárselo a PDVSA, la empresa pulpo del chavismo. Un clásico. Así, lo que en el proyecto original ya debería estar funcionando, recién lo estará, con suerte, para después de 2012.

La desinversión e imprevisión llegó a su cuello de botella a principios de este año, cuando Corpoelec (Corporación Eléctrica Nacional, supraente creado en 2007) advirtió que de no disminuir la demanda nacional en 1.600 megavatios, «en 120 días habría colapso nacional». Y señaló a la represa del Guri, sobre el río Caroní, como el «cuco» de la crisis energética. Si, por causa de El Niño y la demanda burguesa, el nivel del Guri descendía por debajo de la cota 240, Venezuela entraba en apagón. (El viernes, la cota estaba en 256,67 cm y desciende 10 cm por día).

Desde entonces, el Gobierno de Chávez puso un parche tras otro. Instaló un plan nacional de racionamiento eléctrico el 15 de enero, que duró menos de 24 horas. La improvisación del mismo dejó sin energía a hospitales y escuelas. Además de echar al ministro de Energía Eléctrica, Chávez levantó los cortes para Caracas, aunque el racionamiento sigue en el interior del país. No sólo afecta a los hogares (hay que reducir un 20% el consumo) sino en especial a la industria petrolera sobre el lago Maracaibo y a la pesada en Guayana. Se calcula que un nuevo programa de racionamiento, más duro, será aplicado una vez que pasen las fiestas de carnaval.

Ante la crisis, mientras que el Gobierno recurre a amigos como Julio De Vido (en Caracas durante este fin de semana para asesorar sobre el aprovechamiento del río Caroní), el cubano Ramiro Valdez (veterano de Sierra Maestra y actual ministro de Comunicaciones con Raúl Castro), técnicos de Brasil y presumiblemente otros de Rusia, Bielorrusia e Irán para un plan de contingencia, todas las miradas están puestas en la cota del Guri.

Con la presión de ser en este momento el proveedor del 73% de la energía nacional, ese embalse de 4.250 km2, con una potencia nominal de 8.850 megavatios, es hoy el único cable del que depende Venezuela para mantener sus bombitas prendidas. Especialistas como el ingeniero Miguel Lara creen que ya es tarde. «Entre 1999 y 2009 el Gobierno de Chávez debió recuperar 18 unidades de turbogás y ejecutar la conversión a gas de Planta Centro y rehabilitarla», dice.

En cuanto a la sequía del río Caroní, para este experto, fueron peores las de 2001, 2002 y 2003. ¿Por qué, entonces, en las anteriores, el Gobierno de Chávez no implementó, como ahora, limitaciones de horario para los centros comerciales y la administración publica? Según Damián Prat, periodista que se especializa en estos temas, «la crisis eléctrica es la tapa del frasco para ocultar el proceso de quiebra y destrucción previos». «No es el Guri», dice Lara. Y agrega: «El Guri se puede desbordar, pero igual seguirán los apagones». Una crisis que tapa a otras peores.

Por su parte, el Gobierno de Chávez inunda a la opinión publica con «noticias energéticas» casi a diario. Se pudo conocer que Cuba vendió 17 «instalaciones» eléctricas, que los entendidos califican de obsoletas, y Brasil se comprometió a rehabilitar las turbinas de Guri (hay 8 de ellas fuera de servicio).

Si bien el Ministerio de Energía Eléctrica (ahora a cargo de un incondicional de Chávez, Ali Rodríguez Araque) dijo que disponía de u$s 1.000 millones para hacer frente a la crisis energética, Venezuela sigue conectada a la telenovela del Guri, la que se desliza hacia su «the end» para fin de abril, cuando la cota -si no llueve- llegaría a su temido nivel de 240.

Mientras tanto, la semana pasada, en momentos que juraba su cargo el nuevo ministro de Ambiente, Alejandro Hitcher, pedía cambiarle el nombre al fenómeno de El Niño. «Tiene un nombre capitalista y propongo llamarlo COPE (Calentamiento del Océano Pacifico Ecuatorial)», dijo. Una manera más de seguir tapando una crisis con otra.

Dejá tu comentario