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“El teatro moral de Miller conserva intacto su poder”
Claudio Tolcachir: «Los artistas se aprecian por su obra, no por su vida. Precisamente, vuelcan en su arte lo mejor que tienen y los conflictos que no pueden resolver en su propia vida».
Periodista: ¿Aumentaron las ofertas después del éxito de «Agosto»?
Claudio Tolcachir: Bueno, no es para tanto... Por suerte la obra funcionó bien. No le puedo contar el pánico que tenía en los primeros ensayos. Era mucha responsabilidad. Una obra larga, con muchos personajes y en ese teatro tan grande... Pero el elenco es fantástico. Cuidan la obra.
P.: ¿Con Miller se siente más seguro?
C.T.: Es un autor que frecuenté mucho en mis años de formación. Y además esta es una de mis obras preferidas, porque tiene estructura de thriller. Es pura acción. Fue estrenada en 1947, muy poco después de la Segunda Guerra Mundial, lo que era un riesgo enorme, por los temas que plantea.
P.: Recuerde en pocas palabras el argumento.
C.T.: Joe Keller, el protagonista, es un empresario exitoso, buen vecino y padre ideal, pero a la vez es responsable de haber entregado piezas falladas a la fuerza aérea norteamericana, ocasionando así la muerte de varios pilotos. Cuando se descubre la verdad, él justifica su acción diciendo que lo hizo por el bienestar de su familia. Pero, Miller no se limita a criticar a los que especularon con la guerra. Lo que él intenta demostrar es que cualquier acción individual modifica el mundo en que vivimos. Todos los autores tienen una obsesión y la de Miller tiene que ver con que cada uno de nosotros tiene una responsabilidad frente a los demás. Acá el motivo es la guerra, pero podría ser cualquier otro. Cuando alguien maneja borracho y atropella a una persona ¿comete un asesinato o no? ¿Cuál es su grado de responsabilidad?
P.: Su ejemplo recuerda al sonado caso de Gaby Alvarez, el relacionista de celebrities. Lejos de apiadarse de la pareja que atropelló, salió de la cárcel diciendo: «No tengo que pedir perdón. Yo no maté a nadie. Dos personas murieron por un accidente.
C.T.: Por eso le digo que esta obra toca un lugar de responsabilidad frente a los hechos que trasciende el tema de la guerra. Para Miller hay una justicia superior. Podemos burlarnos de las leyes humanas, eludir las leyes de nuestro país, pero hay una justicia superior a la que tarde o temprano deberemos responder por nuestros actos.
P.: El macarthismo no le perdonó a Miller su dura crítica a la sociedad norteamericana, siempre obsesionada por hacer dinero.
C.T.: Y a tal punto Joe es producto de esa sociedad, que está convencido de que, en su lugar, cualquiera hubiera hecho lo mismo. También aparecen otros conflictos: el drama de la madre que niega la muerte del hijo desaparecido en acción; el drama de la novia que ve frustrada su pareja por culpa la guerra; y la disyuntiva del hijo menor que deberá presenciar la caída de ese padre a quien siempre admiró.
P.: Hace mucho que no se repone esta obra. ¿Cómo cree que va a reaccionar el público?
C.T.: Imagínese lo que significa para nosotros, por nuestra historia reciente, que el cuerpo de alguien muy querido no aparezca. Además el espectador sabe cosas que algunos personajes se niegan a ver, eso genera un suspenso casi cinematográfico. La obra también tiene su zona de culebrón y un humor muy ácido. Durante una hora y media uno está metido muy adentro de la trama. No es fácil encontrar obras así.
P.: Miller fue un activista social. De esos que luchan por un mundo más justo y solidario. ¿Cómo se explica que haya internado a su hijo down en una institución, ignorándolo de por vida? Ni siquiera su yerno, Daniel Day-Lewis, logró convencerlo de que visitara a ese hijo oculto.
P.: Si uno se pone a revisar la historia de Freud verá que la relación con sus hijos fue terrible. Yo creo que los artistas se aprecian por su obra, no por su vida. Precisamente, vuelcan en su arte lo mejor que tienen y también los conflictos que no pueden resolver en su propia vida. Que Miller se ocupe en sus obras de profundos dilemas morales o que a través de ellas haya estimulado la conciencia crítica de un público no quiere decir que él haya podido resolver sus conflictos personales. La vida es demasiado compleja para pensar que la iba a poder manejar a través de una estructura dramática. También uno podría suponer que los hijos de los psicoanalistas están perfectamente educados cuando sabemos que no es así. Le podría citar muchos otros casos. Miller no será un ejemplo de vida; pero de todas maneras su vida fue muy valiosa, tanto por las actitudes que tomó -algunas de ellas muy valientes- como por el momento en el que las tomó.
Entrevista de Patricia Espinosa


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