8 de septiembre 2016 - 21:55

El “terror ciego”: un género que siempre atrapa al público

Mia Farrow. Fue la ciega en penurias en “Terror ciego” (1971).
Mia Farrow. Fue la ciega en penurias en “Terror ciego” (1971).
El éxito de taquilla obtenido estos últimos días en los Estados Unidos por el thriller "No respires", del uruguayo Fede Álvarez (ver crítica en pág. 3), sobre un trío de ladrones que entra a robar a la casa de un ciego nada indefenso, vuelve a evidenciar el extraño fenómeno de la fascinación del público por ver películas sobre personas que no pueden ver. Esto tiene una ironía que Borges habría podido explicar muy bien, dado que el autor de "El Aleph" fue, ocasionalmente, un crítico de cine tan severo como para no compartir el entusiasmo que todos expresaban por "El ciudadano", de Orson Welles. La relación entre el cine y la ceguera incluye necesariamente una dosis de morbo digna del "Informe sobre ciegos" de Ernesto Sabato (llevada a la pantalla como "El poder de las tinieblas", con Sergio Renán y dirigida por Mario Sabato). Ese mismo morbo recorrió una de las mejores películas protagonizadas por Mirtha Legrand y dirigida por su marido, Daniel Tinayre, el retorcido y refinado thriller "En la ardiente oscuridad", de 1958.

El género alcanzó su máxima expresión con el tema de beldades no videntes en peligro, con Audrey Hepburn acosada por desalmados delincuentes en "Espera en la oscuridad" ("Wait Until Dark", Terence Young, 1967) o la aún más frágil Mia Farrow perseguida por un psicópata obsesivo en "Terror ciego" ("See No Evil", Richard Fleischer, 1971). Justamente, el guionista de este film de Fleischer, el inglés Brian Clemens, creador de "Los vengadores", acuñó otra obra maestra del tema en uno de sus unitarios "Thrillers", que en la Argentina se veían dentro del ciclo "Viaje a lo inesperado", presentado por un sardónico Nathan Pinzón. En ese capítulo, un complicado homicidio incluía como parte indispensable del plan infiltrarse en un hospital para ciegos, desde donde se podía disparar más certeramente a la víctima.

Pero el mejor ejemplo de la fascinación de los personajes no videntes en el público viene de Japón. La saga más prolífica sobre un mismo personaje, al estilo de las películas de James Bond o de Indiana Jones, fue la del invencible samurái ciego Zatoichi, protagonizado por Shintaro Katsu a partir de 1962, con más de dos docenas de largometrajes y un centenar de episodios de una serie de TV con el mismo actor. Zatoichi también generó una más reciente remake paródica con Takeshi Kitano, un film de acción de los 80 con Rutger Hauer, "Blind Fury", y hasta un westen beatle con Ringo Starr, "Blind Man". Antecedentes que indican que el ciego al que no le gusta que le entren a robar en su casa, que encarna Stephen Lang en "No respires", probablemente empuñe su bastón en futuras secuelas.

D.C.

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