27 de febrero 2014 - 00:00

“El tren”: un antecedente de alto vuelo

Michel SImon y Burt Lancaster en “El tren”, de John Frankenheimer.
Michel SImon y Burt Lancaster en “El tren”, de John Frankenheimer.
"Ah, Renoir...yo conoci una chica que era modelo de Renoir... ¡Olía siempre a pintura!".

En 1962 el cine se ocupó de filmar la lucha por salvar el arte que los nazis estaban robando. Justamente, se filmó como una lucha cruenta en un film imperdible, "El tren" ("The Train") de John Frankenheimer, producida y protagonizada por Burt Lancaster como un francés, jefe de operaciones ferroviarias, que de pronto, sin saber bien cómo ni por qué, esta arriesgándolo todo por retener el "tren del arte" en el que los nazis pretenden llevarse cientos de obras que ni él ni sus escasos colegas maquis aun vivos jamas fueron a ver a un museo, dice: "Si los nazis quieren tanto esas obras de arte, no deberíamos dejar que se las lleven".

En el film de Frankenheimer, esa idea es la mayor razón además de la modelo de Renoir recordada por el patriarca de los maquinistas, Michel Simon- para que mucha gente común entregara su vida para salvar obras de arte. La película iba a ser dirigida por Arthur Penn, interesado en enfatizar discursos sobre la importancia del patrimonio cultural, que demoraban cualquier acción para detener el "tren del arte" durante más de media película. Entendiendo que esa no era su idea, cambió a Penn que años más tarde aplicaría más acción que palabras a "Bonnie & Clyde"- por Frankenheimer, quien aprovechó para que ese rescate de arte explotara en términos cinematográficos sin necesidad de mucha charla: de hecho, durante los últirmos 30 minutos del film, Lancaster habla sólo una vez.

Según Frankenheimer, lo mejor era dejarle la charla al nazi enamorado de lo que el III Reich llamaba "arte degenerado". Interpretado por Paul Scofield, el siniestro personaje explicaba, aplicando a la estética la tesis de la raza superior, "que el arte pertenece a quien realmente lo puede apreciar". No por nada el guión estaba basado en el libro de Rose Valland "Le front de l'art: défense des collectionsfrançaises, 1939-1945", es decir el personaje de Cate Blanchett en "Operación Monumento".

La idea de arriesgar vidas de modo temerario para salvar obras de arte mas allá de toda sensatez era el motor de "El tren", una película genial terriblemente fuerte, cruda y violenta, y por otro lado conceptualmente ajena al modelo de cine bélico. Por algo el tema del que se ocupó no volvió a interesar a ningun productor hasta 50 años después.

En la posterior "Arde Paris?" de Rene Clement, había algunas breves referencias al objetivo nazi de destruirlo todo antes que perderlo. En ese film era Orson Welles, interpretando al neutral cónsul sueco, el que estaba a cargo de los discursos importantes sobre lo grave de andar quemando el patrimonio histórico y cultural de la humanidad.

El film de Frankenheimer es recordado sobre todo por los fanáticos en temas ferroviarios. Para esto, el minucioso realismo, incluyendo el detalle de hacer chocar trenes reales sin usar efectos especiales, influyó para que en una encuesta de expertos del tema haya sido considerada la mejor película ferroviaria de la historia del cine.

D.C.

Dejá tu comentario