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“El único secreto del blues es la entrega”
Kim Wilson: «Hay gente que sólo quiere subir a un micro y salir de gira, y las cosas no son así. Ser un verdadero bluesman lleva muchos años».
Además de su muy reconocida labor como líder -tiene editados 11 discos con los Thunderbirds y 6 como solista-, ha participado de grabaciones y shows con figuras como Eric Clapton, Carlos Santana, Paul Simon, B.B. King, Albert Collins, James Cotton y otros. Con Billy Flynn como guitarrista invitado, Wilson vendrá a Buenos Aires como parte de su primera gira sudamericana. Actuará en La Trastienda porteña el jueves 7 de abril, pero antes, se presentará en Bariloche (1/4), San Martín de los Andes (2/4), Porto Alegre (4/4), Blumenau (5/4) y San Pablo (6/4). Cerrará su paso por el Cono sur con un concierto en La Trastienda de Montevideo (9/4) y el Auditorium de Mar del Plata (10/4). Dialogamos con él.
Periodista: ¿Es posible explicar el blues en pocas palabras?
Kim Wilson: Entrega. Eso es todo. No tiene nada que ver con una cuestión técnica. Si como músico alguien es una persona orientada a la técnica, ok, es una herramienta. Pero no necesariamente hay que ser alguien dotado; la entrega es de lo que se trata el blues. Eso es lo que lo separa lo verdadero del resto.
P: ¿En qué cambió usted desde la época de la creación de The Fabulous Thunderbirds?
K.W.: Estoy más cómodo en mi propia piel, no tengo demasiadas inseguridades; y creo que lo que permaneció igual es la pasión. Estoy relajado con las cosas y eso realmente me ha ayudado con mi música.
P: ¿Qué ha cambiado en el negocio de la música y qué no desde aquellos tiempos?
K.W.: La música ha cambiado mucho, por supuesto. Muchos de los músicos viejos han muerto y hay muy poca gente que siga la tradición; y eso es algo es triste. El negocio de la música está prácticamente acabado. Quiero decir que las grandes compañías discográficas no están haciendo nada comparado con lo que solían hacer. Creo que ellos mismos son los causantes de esa situación porque se arrinconaron solos. Como contrapartida, puede ser una buena oportunidad para la gente porque todo está más nivelado. Ahora uno está realmente con el control de su destino. En todo caso, las compañías aparecen cuando hay que promocionarse, porque eso requiere un montón de dinero. Pero, si se tiene el dinero para gastar en uno mismo, hay que hacerlo.
P: A esta altura de su vida y su carrera, ¿le molesta que se lo siga referenciando con The Fabulous Thunderbirds de los años 70?
K.W.: Con los Thunderbirds las cosas se están volviendo cada vez mejores, aunque es una gran responsabilidad (aunque si yo fuera el jefe en otro tipo de negocio también sería una gran responsabilidad y no me divertiría tanto). Los T-Birds me ofrecen un montón de oportunidades para hacer lo que quiero hacer. Sin eso, no podría tener mi banda de blues, los All Stars. En todo caso, lo que puede ser pesado a veces es la vida misma; o tomar la responsabilidad por otras personas, en la actividad que sea, no ser parte de una historia tan linda como esa.
P: ¿Cómo definiría la música que hace actualmente?
K.W.: Como el hecho de elegir pedacitos de todo lo que sea «cool», todo lo que amo. Por supuesto que el blues es una parte enorme de eso, pero hay otro montón de estilos musicales que amo, y he incluido en mi música. Quizá eso hace que mi blues sea único.
P: Cuénteme algo sobre los músicos que lo acompañarán en Buenos Aires, especialmente de su invitado Billy Flynn.
K.W.: La banda estará conformada por Walter Loscocco en batería, Mariano DAndrea en bajo, Omar Salomón en guitarra y un pianista. En cuanto a Billy Flynn, lo conozco desde hace probablemente más de 25 años, cuando el formaba parte de The Legendary Blues Band. Y he tocado con él de manera regular por los últimos 10 ó 15 años. Algunas veces él toca Muddy Waters muy cercano al propio Muddy, especialmente con el slide. A veces suena como Elmore James; a veces como Homesick James; a veces Hound Dog Taylor y a veces a todos juntos. Es simplemente uno de esos tipos que cuando toca es Billy Flynn. Los dos estuvimos en la banda de sonido de la película «Cadillac Records» que fue nominada al Grammy y a él lo pusieron como guitarrista en «At Last» de Etta James y encajó perfectamente.
P.: ¿Cómo serán sus conciertos en Argentina?
K.W.: Tocaré algunas canciones de los Thunderbirds; seguramente de las primeras, como «Wait On Time», «Shes Tuff», «Scratch My Back», «Tuff Enuff» o «Wrap It Up». El resto será de mi material solista; tal vez haga «My Babe». De todos modos, nunca sé bien con qué voy a salir; hasta puede suceder que haga algunas canciones que nunca grabé. Simplemente comenzaré a cantar algo y listo. No suelo usar una lista de temas; suelo cambiar siempre todo de acuerdo a la noche, a mi estado de ánimo, a como responde la audiencia. A la banda le doy instrucciones, como por ejemplo el tono en el que se encuentra la canción y el tempo que tiene, y a partir de eso los dejo ser libres. Eso hace que la música se mantenga fresca, porque ellos no saben si voy a hacer uno de mis temas o un «cover».
P: ¿Le agrada que el blues se haya transformado en una música internacional? ¿Cree que ha perdido algo de su esencia en esa internacionalización?
K.W.: El blues, como otras músicas importantes, está en peligro de extinción, porque las personas ya no se interesan por convertirse en músicos. Simplemente se quieren subir a un micro y salir de gira; y las cosas no son así. Es un aprendizaje que toma muchos años antes de tener el derecho de llamarse a sí mismo un verdadero bluesman. Piensan más en el dinero o en el poder que en la música. Se han perdido la camaradería y las ganas de tocar en equipo. Dentro de poco voy a llegar a los 50 años tocando y a lo mejor alguna gente joven me mira y piensa «¿esto es a lo máximo que puedo aspirar? Entonces tal vez no quiera hacer las cosas de esa manera». Del mismo modo, es muy intimidante cuando estás tocando con gente como Muddy Waters u otros de ese calibre, porque muchos piensan «yo nunca podré hacer eso, así que voy a intentar hacer estas otras cosas y voy a llamarlo blues». Así nacen muchas mentiras, porque toma mucho menos esfuerzo mentir musicalmente que hacer lo que hicieron B.B. King, Muddy Waters, Buddy Guy u otros grandes. Todo lo que tengo que decir es que hay algo que se llama buena música; no tiene porque llamarse «blues». «Tuff Enuff» no es blues, pero es buena música, es una buena canción. Duke Ellington dijo en una entrevista que hay dos clases de música, «la buena y la mala». Y desafortunadamente es todo una cuestión de gustos. En el deporte es distinto: un basquetbolista puede hacer una jugada muy creativa hacia el aro, pero mientras enceste, no importa, nadie va a cuestionar el buen gusto de sus movimientos. Sin embargo, en la música, todo se reduce al gusto y eso es un problema. En la música un montón de gente ni siquiera se da cuenta cuando un músico encesta.
P: ¿Por qué se demoró tanto su actuación en Sudamérica?
K.W.: No estoy seguro del motivo, pero creo que finalmente es algo positivo. Argentina me verá tocando mejor que nunca. No es que van a ver a un chico que está aprendiendo y creciendo en el mundo de la música, me van a ver a mí, al verdadero yo. Y me siento muy bien por eso. Para mi es genial porque nunca estuve en Argentina y Uruguay. A esta altura de mi vida, ir a un lugar en el que nunca estuve es algo hermoso. Si está pasando ahora, tal vez sea el comienzo de un buen futuro.
P: ¿Tiene referencias o información sobre la música y los músicos de nuestro país?
K.W.: No estoy muy familiarizado con la música de Sudamérica, estoy más al tanto de la música cubana, todo lo afrocubano, esas cosas. Me imagino que debe haber probablemente algunas similitudes. Debe de haber alguna especie de música con mucha percusión en la Argentina, que probablemente varíe con las regiones. Seguramente será más folkie, más acústico. Pero en la Argentina es donde inventaron el tango. La mujer de mi bajista, Larry Taylor, es una gran bailarina de tango, ella fue allí y bailó sin parar por diez días. Se divirtió muchísimo y me dijo que era algo increíble y que tenía que ir a ver alguno de los viejos lugares y mirar cómo bailaban.
Entrevista de Ricardo Salton


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