Gracias a una serie de negocios afortunados, Horace Torrington puede comprar una mansión solariega en los campos cercanos a Londres. Es un ascenso social. El que esperaba Charlotte, su esposa. Pero Horace decide dedicarse, para sentirse más en sus nuevas raíces, a la agricultura. No sólo fracasa sino que lleva todo a la debacle. Tiene que comenzar vendiendo parcelas y cuando el desastre se aproxima, muere tan repentinamente como era de sospechar. Tres años después su mujer se casa con Edward Swift que intentará salvar a esa familia de, lo que es un desastre para ellos, poner en venta la mansión. Cuando les llega la carta de un abogado, se sospecha que es por las deudas, Swift viaja a Manchester para verlo. Ese mismo día cumple 20 años Emerald, la hija mayor de los Torrington, y se prepara la fiesta como si no pasara nada. Por allí anda Clovis, el hermano de 19 años, el eterno adolescente, el que se cree que vivir en una casa de clase alta es ser de clase alta, y la pequeña Smudge, la mancha de la familia, la que terminara siendo la que determinará el happy end de la historia. Porque si bien hay una cercana tragedia ferroviaria y la casa se ve invadida por algunos de los sobrevivientes, el final es humanitariamente participativo y absolutamente feliz para la familia.
El castillejo, como la mayoría de los solariegos británicos, se llama Sterne. Y ese nombre es un guiño de la autora hacia narrador, humorista y crítico social Laurence Sterne, que según Friederich Nietzsche fue "un maestro del equívoco, que mezclaba profundidad y diversión en fantasías benévolas". Algo así se podría decir de esta novela que, además parece cumplir las viejas reglas teatrales (la autora trabajó de guionista) de unidad de acción (todo ocurre en la eduardiana casa de campo Sterne), unidad de tiempo (dura una jornada, de la salida de Edward Swift a su regreso), peripecias que se acumulan hasta que se produce una reversión, lo que los clásicos llamaban un "lance patético", donde una hecho exterior cambia el sentido de la acción (aquí la fiesta de cumpleaños se interrumpe por el descarrilamiento de un tren, con numeroso muertos y heridos, algunos de los cuales son refugiados en la casona como "huéspedes inesperados", a lo que se agrega una tradicional tormenta que agrega dramatismo), y por último un inesperado deux ex machina que trae la salvación a la familia de la forma más insospechada.
Se ha dicho que la novela parece un episodio de la serie británica Downton Abbey, que en la Argentina está emitiendo en su cuarta temporada Film & Arts, pero hay diferencias en múltiples sentidos, y lo único que realmente une las historias es que ocurren en Gran Bretaña en 1912, y muy poco del costumbrismo victoriano.
Se ha dicho que tiene algo de las novelas de Jane Austen, pero en la etapa de despliegue capitalista las cosas han cambiado mucho en cuanto a "Orgullo y prejuicio". La trama nupcial es otra, ya que la casadera tiene que elegir entre dos tipos de hombre, acá a Emerald su madre le indica como buen candidato al hijo de un granjero, porque se hizo rico trabajando, y luego empezó a comprar propiedades y ahora tiene envista quedarse con la mansión Sterne.
Se ha dicho que tiene algo del Cortázar de "Casa tomada", del Luis Buñuel de "El ángel exterminador", pero lo han dicho quienes se confundieron y deben de haber leído otra novela. Con "Huéspedes inesperados" la escritora jamaiquina Sadie Jones, que reside en Londres desde la adolescencia, y tiene una hermana que fue guionista de Joseph Losey, logra una novela elegante, entretenida, adecuada para el fin del verano.
| M.S. |



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