El presidente Nicolás Maduro prometió ganar "¡como sea!" para "radicalizar" la revolución socialista que le legó Hugo Chávez, mientras la coalición opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) aseguró que el 6 de diciembre comenzará el "cambio" durante la campaña que estuvo marcada por la violencia y el asesinato en un mitín, la semana pasada, del dirigente de Acción Democrática, Luis Manuel Díaz, y la siguiente denuncia de la esposa de Leopoldo López, Lilian Tintori, de que ella el blanco.
Bajo esas dos ofertas extremas, 19,5 millones de venezolanos están llamados a las urnas para elegir por un período de cinco años 167 diputados de la Asamblea Nacional, que controla el oficialismo con un centenar de escaños.
La oposición llega como favorita según los sondeos de intención de voto que, dependiendo la consultora, le adjudican entre 15 y 20 puntos por sobre el chavismo. No obstante, el número de indecisos es elevado: el 18% en promedio.
La MUD anunció que su programa legislativo está encabezado por la ley de amnistía que plantea liberar a dirigentes encarcelados. Entre esos presos están el dirigente del partido Voluntad Popular, López, sentenciado a casi 14 años por instigar las protestas antigubernamentales del año pasado, y el alcalde metropolitano de Caracas, Antonio Ledezma, acusado de conspiración.
Maduro y los candidatos del oficialismo aprobaron, por su parte, un plan que incluye nueve puntos. Se proponen, en líneas generales: defender la soberanía y autodeterminación de Venezuela, consolidar la economía productiva para vencer la guerra económica, garantizar la paz y la seguridad de las familias, defender la estabilidad laboral, la educación gratuita, profundizar la democracia participativa y protagónica y defender y profundizar las misiones sociales.
Así, estos cruciales comicios abren múltiples escenarios: desde una profundización del modelo económico centralizado hasta un cambio en la dinámica política que rige desde que Chávez llegó al poder en 1999.
"Maduro no está desahuciado. Habrá un nuevo mapa político, un balance del poder. Si la oposición gana y es inteligente, negociará para lograr cambios, pero si se imponen los radicales que quieren sacar al presidente, habrá perdido una oportunidad de oro", afirmó el analista Luis Vicente León, presidente de Datanálisis.
Más allá del cálculo político, la elección despierta en los venezolanos enorme expectativa porque toca sus angustias cotidianas. En su venta de jugos y empanadas, en el populoso barrio Petare de Caracas, Zenaida Rodríguez, de 65 años, está por cerrar su local: "No me deja ganancia. Todo está demasiado caro y tengo que hacer horas de cola para comprar una botella de aceite".
Frente al desabastecimiento y una inflación que superará el 200% a fin de año, el Gobierno, que atribuye la crisis a una "guerra económica" de empresarios y políticos de derecha, dispuso vender los productos básicos a precios subsidiados -fijados a tasa oficial de 6,3 bolívares por dólar-, pero sólo dos días a la semana, con cédula y huella digital. Las filas en los mercados son inmensas.
Además, zonas de Caracas parecen bajo toque de queda. El temor a asaltos y secuestros deja las calles desoladas apenas cae la noche. Venezuela es -después de Honduras- el segundo país con mayor tasa de homicidios del mundo, según la ONU.
El chavismo se enorgullece de mantener las misiones sociales aún con el desplome del precio del crudo y advierte que, si gana la oposición, desaparecerán. "Jamás entregaremos esta revolución", advirtió Maduro.
Sin propuestas concretas sobre cómo salvará al país de lo que llama "desastre", la oposición, dividida en radicales como López y moderados como el excandidato presidencial, Henrique Capriles, disimuló diferencias y hace sus números.
| Agencias AFP y DPA |


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