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Emerge Ganouchi (se dice moderado)
Ganouchi, sin embargo, también divide al país. Tunecinos liberales consideran al barbudo hijo de un imán un lobo con piel de un cordero, un islamista que esconde su verdadero rostro.
El líder islámico se benefició sobre todo del hecho de que Ben Alí fuera especialmente odiado por los musulmanes tradicionalistas. El expresidente era conocido por su estilo de vida lujurioso y mandaba perseguir a mujeres que llevaran el velo islámico integral (hiyab). Estaba prohibido bajo su régimen.
Ganouchi pasó las últimas dos décadas en el exilio en Londres debido a la persecución de Ben Alí. En 1987 fue condenado por primera vez a trabajos forzados de por vida. Tras ser amnistiado, volvió a ser condenado en 1992, esta vez a cadena perpetua por supuestos planes para derrocar al régimen. Para entonces, sin embargo, ya había huido del país.
El líder islamista hizo en los últimos meses todo lo posible por dar a su partido una imagen moderna y disipar el miedo al extremismo. El político, padre de seis niños, no utiliza palabras como Estado religioso o sharia, y habla a cambio a menudo de democracia y libertad religiosa y de opinión.
Sus críticos lo acusan sin embargo de juego doble y temen que el partido se radicalice si llega al poder. Sobre todo las tunecinas más liberales se preocupan por lo que pueda ocurrir. En ningún otro país de la región las mujeres gozan de tantos derechos como en Túnez.
El propio Ganouchi considera exagerados e inadecuados los temores: «No queremos que el Estado se inmiscuya en la vida privada de la gente aseguró poco antes de las elecciones.

